AGUJEROS MUY PEQUEÑOS (POEM)
Por Francis Berti
Agujeros muy pequeños, muy pero muy pequeños…Donde puedes ver lo perdido, lo por llegar. Traslucidas partículas que han estado, que estarán que sus traslucidas inmutables pasan si las dejas pasar, si la vez con una metamorfosis que encontraste perdida en los mundos fuera de ti. Mídete las distancias, ni muy cerca ni muy lejos, y quizás encuentres lo autentico y se te pegue indefectiblemente. Sin carnaval y sin payasos. Quizás los absorbas en el resto de tus días. Habla de esos umbrales mínimos, casi invisibles, que separan lo que fue de lo que será. No es una mirada panorámica, es el arte de observar. Al otro lado de la lámina, el tiempo no corre, gotea. Son partículas que no pesan, pero que al tocarlas, te reorganizan la sangre. Sino fragmentos de tu propia metamorfosis que habías dejado olvidada en otras dimensiones. Es un proceso silencioso: la luz se te pega a la piel como una escarcha de lucidez, una costra de autenticidad que ya ningún carnaval podrá arrancarte. Te basta con esa transparencia inmutable. Porque absorber esos agujeritos es aprender a respirar por las heridas del mundo, hasta que el resto de tus días no sean más que un reflejo de lo que viste en ese instante de soledad absoluta. Sin payasos, sin estridencias. Solo tú, el vacío perforado y la certeza de que, finalmente, lo que es tuyo te ha encontrado. Refuerza la idea de la soledad creativa y la distancia crítica. Es un llamado a dejar de mirar el “show” (el carnaval y los payasos) para enfocarse en la estructura atómica de lo que realmente importa. Lámina negra es el filtro necesario para que lo “auténtico” no nos ciegue, para que podamos procesarlo poco a poco, hasta que se vuelva parte de nuestra biología.