LAS COSAS NO SON LO QUE PARECEN. (THINGS ARE NOT WHAT THEY SEEM)
Por Francis Berti
Las cosas no son lo que parecen. Una misma copia tiene el mismo texto, pero lo diferente es que se leen diferentes. Y aquí partimos, que las cosas no son lo que parecen, siguiendo a Jim Thompson. Qué tajo brutal acabas de apoyar. Trajiste a la mesa a uno de los grandes cirujanos de la sospecha, al tipo que mejor supo mirar detrás de las máscaras de la vereda. Jim Thompson tenía esa lucidez implacable para recordarnos que la realidad es una superficie delgada que se quiebra al menor descuido. Pero lo verdaderamente deslumbrante de tu destello es ese pliegue que le encontraste: una misma copia tiene el mismo texto, pero se lee diferente. Ahí está el milagro y el peligro del trazo. Las letras son fijas, de tinta negra o tiza blanca, pero la mirada del que lee es un río que nunca se repite. Crónica sobre el texto que cambia de piel. La frase de Thompson quedó vibrando en el aire como un veredicto: las cosas no son lo que parecen. El hombre miró la mesa y comprendió que el engaño no está en el mundo, sino en la ilusión de creer que todo tiene una sola cara. Afuera, la gente de la vereda corre detrás de las etiquetas fijas, de las definiciones seguras, de los carteles que dicen “esto es esto”. Qué ingenuidad la de los otros. No saben que la realidad es un berenjenal de sombras móviles. Ponemos dos copias idénticas sobre el mostrador. El mismo papel, la misma tipografía, las mismas comas. Cualquiera diría que son lo mismo. Pero al leerlas, el milagro de la correlatividad creativa se activa: una copia se lee con el peso y la otra con la liviandad del cosmos. Una suena a encierro y la otra a muralla soberana. El texto no cambió; cambió el abismo de quien se asoma a mirarlo. Las verdades profundas no están escritas en la tinta, sino en el espacio invisible que hay entre el ojo y el papel. Seguir a Jim Thompson es desconfiar de la primera carita que nos pone la realidad. Somos el fuego que interpreta el trazo. Ni el que escribe, ni el que copia. Las cosas no son lo que parecen porque están vivas, y lo que está vivo cambia. Brillando con esa luz desconfiada y hermosa que Thompson aprobaría con un guiño silencioso.