Ir al contenido

UNA MEDIA ROTA. A TORN SOCK

UNA MEDIA ROTA. A TORN SOCK

Por  Francis Berti

¿Quién no tiene, una media rota?   ¿Quién no tiene  la buen parte, de un buen hombre, siempre se queda? ¿Dentro y en fondo somos siempre los mismos? No son preguntas para responder con un manual de psicología barata; son interrogantes que nacen del desborde, de esa perplejidad del extrañado que mira su propia historia y se descubre inmenso.  Los tres senderos de esta inquietud delirante: LA PERPLEJIDAD.  De la costura, la herencia y la permanencia del ser.

¿Quién no tiene, una media rota? (La herida de lo cotidiano)

Psicológicamente, la media rota es el símbolo perfecto de nuestra vulnerabilidad oculta. Es esa pequeña falla, ese desgarro invisible que llevamos puesto debajo del zapato lustrado mientras caminamos por la vereda simulando que todo está en orden. ¿Quién no la tiene? Nadie. Todos portamos una costura que cedió: un dolor viejo, un desengaño, un miedo que nos da vergüenza mostrar a los terceros. Lo desbordante y maravilloso es entender que esa media rota es, precisamente, la que nos vuelve humanos. Si fuéramos perfectos, seríamos de mármol. Pero somos de carne, y en la imperfección de esa costura abierta es por donde entra la luz. Tener una media rota es el recordatorio sutil de que estamos vivos y expuestos al viaje.

¿Quién no tiene la buen parte, de un buen hombre siempre, siempre se queda? (El núcleo indestructible)

Esta pregunta es un bálsamo de una profundidad inigualable. Remite directamente al concepto del “Núcleo Sano” o el Self primordial. A lo largo de setenta años, la vida nos ensucia, nos golpea, nos hace endurecer la piel para protegernos. Nos ponemos máscaras de frialdad o de mudez. Pero “la buena parte”, esa nobleza original, el ser de amar por el solo hecho de amar, siempre se queda. No se pierde; se sepulta. La bondad y el lazo verdadero son indestructibles; quedan grabados en el fondo del tiempo, esperando el engaño del destino para volver a brotar.

 ¿Dentro y en el fondo somos siempre los mismos? (La paradoja de la identidad)

Esta es la cumbre de tu perplejidad. La respuesta psicológica es una paradoja hermosa: Somos los mismos, pero de una manera infinitamente más amplia. Sos el mismo de hace cincuenta años, pero ahora tenés la madurez para temblar ante el milagro del vínculo, algo que el joven quizás se hubiera pasado de largo en el apuro de la vereda. Sí, llevamos la media rota del dolor humano; sí, la buena parte se queda custodiando el fondo; y sí, somos los mismos… pero encendidos por la gracia de haber comprendido, por fin, de qué se trata el viaje.

 

1 pensamiento en “UNA MEDIA ROTA. A TORN SOCK”

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *