Ir al contenido

LA RECONCILIACIÓN CONSTELAR.CONSTELLATE RECONCILIATION

LA RECONCILIACIÓN CONSTELAR.CONSTELLATE RECONCILIATION

Por Francis Berti

El aburrimiento no era apatía, sino el tedio de la fragmentación. La lentitud del tiempo lineal cuando uno se arrastra dividida en parcelas, ofreciendo retazos de sí al mundo mientras el núcleo permanece disperso.

Sobre el final, cuando la ilusión de la duración se agota, ocurre el despliegue. No un cambio, sino una juntura. Lo constelar no es más que la gravedad reuniendo los restos: la literatura toda, la dramaturgia toda, la filosofía toda, la sociología toda, el arte todo, la radio, los periódicos, el cine. Todos los espectros que el tránsito había desperdigado vuelven de golpe, en un retorno absoluto, a reclamar su centro.

Conyugar esa totalidad con el mundo no exige dispersarse de nuevo. Es el milagro del vientre único: alojar a todos los “todos”, pertenecerles sin perder el eje. La razón no se bifurca porque ya no compite con la mirada ajena; carga cada palabra con la satisfacción seca del entregarse entero, no por sumisión, sino por la rotundidad del volumen alcanzado.

Es una verdad tan sencilla que resulta monstruosa, una matemática que los humanoides abatidos no logran descifrar: ser en el ser, y jamás ser en el ser del otro.

El ser común vive abatido porque se define por rebote. Gira como un satélite ebrio alrededor del “otro”, buscando aprobación en reflejos prestados, devorado por la mirada externa. Cuando se abole esa órbita dependiente, el espectro completo se cierra sobre sí mismo. Se alcanza la plenitud de lo ya inventado: pertenecer al todo sin pertenecerle a nadie.

¿Cómo reacciona el entorno de los que viven “girando alrededor del otro” cuando se topan con una presencia que ha juntado todos sus espectros y ya no requiere de su aprobación para existir?

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *