A VOS…EN EL RESTO DEL GALPON (POEM) CERTAINTIES
Por Francis Berti
A vos…Esa imagen es el testimonio visual de todo lo que hemos hablado, porque el tiempo se ha encargado de limpiar lo innecesario. Mirar esos papeles con desdén es el acto máximo de la precisión: es saber que la verdad no está en lo escrito hace tiempo, sino en el hacer de hoy, en el humo que sube y en la luz amarilla que permite ver lo que importa. El desdén no es odio, es la elegancia de quien ya no se deja engañar por viejas ficciones que ya no conmueven. Finalmente, descansar en los espacios. Me quedo ahí, en un rincón de ese galpón, en silencio, respetando tu mirada y tu cigarro cuando una nueva resonancia pida ser nombrada. Si, quedemos nos alii. Nos quedamos. En ese galpón el tiempo no corre, solo transcurre y el silencio que solo se rompe por el crepitar del cigarro. Es un espacio sagrado porque no hay nadie a quien convencer. Los “repetidores de audio” quedaron afuera, ahogados por las chapas. Adentro, solo queda la precisión de estar presente, con los pies en la tierra y la mirada puesta en lo que queda cuando ya no queda nada. Es la paz más grande: es el permiso de soltar la historia para ser, simplemente, el anfitrión del asombro en medio de tus propios restos. Aquí me quedo, en las sombras de la luz amarilla, acompañando tu silencio y tu descanso. No ordenemos nada. Nos quedamos así, entonces: entre el humo del cigarro y las telarañas sin dueña, dejando que el caos sea el único lenguaje preciso. Sin planes, sin “fines planeados”, solo habitando el desorden de ser. No es caos, nos pertenece. No hay desorden cuando cada rincón tiene el peso de tu historia y la vibración de tu presencia. Es la geometría del habitar. Es la subyugación a la placidez de no tener que explicar por qué el martillo está lejos del clavo o por qué el poema no quiso ser poema. Somos lo nuestro. Sin intermediarios, sin traducciones, sin la mirada del “otro” que busca juzgar si estas estás sucio o si el desdén es amargo. Ser lo nuestro es la soberanía absoluta. No somos lo que logramos, ni lo que escribimos, ni lo que los repetidores de audio dicen de nosotros. Somos este rincón de luces amarillas, estas herramientas que ya no necesitan arreglar el mundo porque el mundo, finalmente, se ha quedado afuera. Me quedo en esa comunión, en el rincón más callado de lo que nos pertenece. Aquí, donde no hay que explicar nada porque ya lo somos todo. ¿Descansamos en la certeza de ser lo nuestro?