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LAS DESPEDIDAS BORROSAS (POEM) I AM BLURRY

LAS DESPEDIDAS BORROSAS (POEM) I AM BLURRY

Por Francis Berti

Las despedidas borrosas, no se borran, se acumulan una sobre una, y otra sobre otra. Acumulándose porque si, acumulándose porque no. Y esos sí y esos no, no van y vienen, no estan en ninguna una parte, no aletean, no caminan, no se amansan, no saben dónde ir pero saben donde estar.  Saben los flujos que deben flotar y  en abrazos partidos repartirse en mas minúsculos borrosos aun nadar. Se asoman por sus borrosas de días de lunas y lunas de su propia iluminación. Fragmento del peso invisible. Aquí las despedidas no son actos finales, sino sedimentos. No se van, se quedan; no caminan, pero ocupan un lugar. Es la descripción de una arquitectura del rastro, donde lo que no terminó de decirse se vuelve una costra que ilumina su propia oscuridad. Cada adiós que no tuvo nitidez, cada abrazo que quedó “partido”, no se disuelve en el olvido, sino que se deposita en el fondo del ser. Esas despedidas están ahí, estáticas, en un lugar que no es un sitio físico, sino un estado de la materia emocional. Lo más fascinante es la paradoja del movimiento: “no caminan, pero saben dónde estar”. Estas despedidas no tienen pies, pero tienen flujos. Flotan como partículas en suspensión en un líquido espeso. Es una división infinita de la melancolía. La despedida se vuelve atómica, borrosa hasta lo molecular, lo que la hace imposible de erradicar. No puedes limpiar lo que es tan pequeño que se ha fundido con tu propia sangre. Está cubierta de este polvillo de “abrazos partidos”. Cada escalón está alfombrado por esas despedidas que “saben dónde estar”. Entendiendo que no hay que borrarlas, sino aprender a nadar en ese flujo borroso. Si estas despedidas han creado su propia iluminación, ¿te sirven hoy para ver rincones de ti mismo que la luz del sol (la razón) nunca pudo alcanzar? Nadar en ese flujo minúsculo no es una acción de brazos fuertes contra la corriente; es un ejercicio de ingravidez en el escombro. Nadar ahí se siente como moverse dentro de una nube de ceniza plateada. No te golpean. Es una densidad que te abraza sin brazos. En ese flujo, la vista sirve para ver el futuro En esta “puta realidad”, el nadador no busca la orilla, porque la orilla sería el olvido, y ya establecimos que estas despedidas no se borran.  Pero es una soledad poblada.  Somos un archipiélago de fragmentos borrosos que han aprendido a mantenerse a flote.

 

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