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PIJAMAS Y TORTA DE CHOCOLATE

PIJAMAS Y TORTA DE CHOCOLATE

Por Francis Berti

Pijamas y torta de chocolate, que más podríamos pedir hasta los diez años. Un lugar tibio. El mundo, al principio, tenía el tamaño de una cama y el sabor del cacao. Era un universo de sábanas planchadas y almohadas que juraban protegernos de cualquier sombra. La felicidad era una medida exacta de luz: ni tanta que desvelara, ni tan poca que asustara. Y esa voz, esa voz que hacía temblar el cielorraso con historias de colores, era el único mapa que necesitábamos para estar. Simplemente estar.

Pero el reloj, ese gran traidor, se soltó.

Los años empezaron a caer como fichas de dominó, apilándose en décadas que se devoran a sí mismas. De los diez a los veinte, el ruido. De los veinte a los treinta, la búsqueda. De los treinta a los sesenta, el peso. La vida se volvió una sucesión de puntos suspensivos donde el “estar” se transformó en un “hacer” o en un “parecer”. Las décadas pasaron como ráfagas por la ventana de ese, que ya conocemos, dejándonos cada vez más parcos, cada vez más silentes. Y ahora, cuando el mundo exige cuentas, cuando preguntan dónde se perdió el tiempo, la respuesta emerge con la fuerza de lo inevitable: fuiste un acertijo. No te perdiste; te ocultaste en las grietas de los años. Te desparramaste como ese hombre en el lienzo, en partes que nadie logra encajar del todo. Estuviste en todas partes y en ninguna, siendo la pregunta que nadie supo formular mientras todos buscaban respuestas obvias. Al final, la torta de chocolate y el pijama no eran la meta, eran el último refugio antes de convertirnos en el misterio que somos hoy.

3 pensamientos en “PIJAMAS Y TORTA DE CHOCOLATE”

  1. La empatía en tiempos de ruido

    Vivimos en una época donde las opiniones se lanzan con rapidez y las palabras, a veces, hieren más de lo que construyen. Las redes sociales y los debates constantes nos han acostumbrado a responder antes de comprender, a juzgar antes de escuchar. En medio de tanto ruido, la empatía parece haberse vuelto frágil.

    Sin embargo, nunca fue tan necesaria. Detrás de cada postura hay una historia, detrás de cada reacción hay una vivencia que desconocemos. Recordar eso es un acto de humanidad. No se trata de estar siempre de acuerdo, sino de respetar la dignidad del otro.

    Los valores humanos no pasan de moda, aunque el mundo cambie. La paciencia, el respeto, la compasión siguen siendo pilares esenciales para convivir. En tiempos de polarización, elegir el diálogo en lugar del enfrentamiento es una forma de valentía.

    Quizá el verdadero progreso no esté solo en la tecnología o en los avances materiales, sino en nuestra capacidad de tratarnos mejor. Porque el futuro será más justo y más habitable si aprendemos a mirar al otro con humanidad.

    BibliotecaEterna

  2. Esa barrera infantil, que nos aislaba y nos protegía del mundo externo; pijamas y torta de chocolate, como una capita finísima , que mantenía sellado el mundo exterior, no había frío ni viento, solo el calor de ese momento,acompañado de historias fantásticamente narradas que nos permitían vivir, mágicas aventuras en nuestros pensamientos. Conservemos la magia de ese relato. Gracias FRANCiS.

  3. Me gusta ser el interrogante infinito … con el solo convencimiento de haber podido conocer la torta de chocolate y pijama . Estructura básica para la duda eterna .
    Y seguir amontonando puntos suspensivos que serán el camino como las migajas de Hansel y Gretel del recorrido sin detenerse de nuestra vida sin final

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