TEATRO EN UN SOLO ACTO (OBRA 17).
Por Francis Berti
TITULO: DESDEN, SENSUS, TRISTEZA INEVITABBLE
ESCENARIO: Un escenario totalmente trágico y deslumbrante, como escenarios pérfidos, que harían que todos los finales en tiempos desiguales se mofaran de nosotros. Al mismos tiempo con virtudes y con bajezas Los personajes: EL DESDEN, EL SENSUS Y LA TRISTEZA INEVITABLE, no muy vehementes pero en vehemencia interior solo se retrasan y pretenden un aire superior, son en si la misma relación… Algo se irá acercando que entrará sobre el final escenario no era un lugar, sino una sucesión de eventos colapsando.
UN ACTO
El telón no sube, se desgarra. Lo que aparece es un espacio pérfido, una arquitectura de espejos negros y luces que hieren. No hay horizonte, solo una sucesión de eventos colapsando unos sobre otros. Es un lugar donde el tiempo es desigual: mientras un rincón del escenario se mofa de un final antiguo, el otro está naciendo en una tragedia nueva. Las virtudes y las bajezas cuelgan del techo como lámparas de cristal roto, iluminando la miseria con un brillo deslumbrante.
Los personajes no caminan, emanan. Se mueven con una lentitud que parece soberbia, un aire de superioridad que es, en realidad, el escudo de su propia fragilidad. Son tres, pero se tocan como si fueran la misma piel.
EL DESDÉN: Entra con un desaliño que ha sido ensayado mil veces. Mira el escenario como si no le perteneciera, como si nada de ese desastre fuera con él. Fuma un cigarro cuya ceniza cae sobre el arrepentimiento sin quemarlo. Su descuido es su armadura.
EL SENSUS: Es la carne viva. Es el sentimiento puro que vibra detrás de cada gesto del Desdén. Es el que sostiene el peso de lo que no se dice, el que siente el pulso de la madera bajo sus pies.
LA TRISTEZA INEVITABLE: Ella es la atmósfera. No necesita hablar porque su presencia es la que cambia la temperatura del aire. Cuando ella suspira, el escenario se torna gris plomo, un metal pesado que aplasta los pulmones de los otros dos.
En el centro del escenario, el aire empieza a pesar. El gris plomo se vuelve sólido. El Desdén intenta mantener su aire superior, pero el Sensus se dobla bajo su peso.
EL DIÁLOGO DEL COLAPSO
EL DESDÉN: (Ajustándose la solapa de su campera con un desaliño que parece un insulto al universo. Exhala humo hacia el techo de chapas invisibles). —Mírense. Son un espectáculo agotador. Vos, Sensus, vibrando como un cable pelado, pretendiendo que cada parpadeo del mundo es una herida de guerra. Y vos, Tristeza, con ese peso de mercurio, queriendo convencernos de que el gris es el único color honesto. Yo, al menos, tengo la elegancia de no necesitar que nada de esto signifique algo. Los miro y veo papeles viejos que ya no sirven ni para encender el fuego. Me basto con mi propia indiferencia para ser superior a este desastre que llaman escenario.
EL SENSUS: (Con la voz entrecortada, tocando las herramientas oxidadas que yacen en el suelo como si fueran reliquias sagradas). —Tu superioridad es una mentira de cartón pintado, Desdén. Te haces el que no siente, pero sos el envase que me contiene para que no me desparrame. Si yo no vibrara, vos no tendrías nada que despreciar. Y a ella… a la Tristeza Inevitable, la respeto porque es la única que no miente. Ella es la temperatura real de nuestra sangre. Vos sos el humo, ella es el frío, y yo… yo soy el que tiene que aguantar el incendio de estar vivo mientras ustedes dos se disputan el aire.
LA TRISTEZA INEVITABLE: (Sentada en el suelo, su sombra parece ocupar más espacio que su cuerpo. Habla con una parsimonia que detiene el tiempo). —No se gasten. Ninguno de los dos puede irse. Desdén, tu descuido es solo un grito ahogado; me usas de alfombra para no tocar el suelo, pero sentís mi frío en las plantas de los pies. Y vos, Sensus, sos mi combustible. Sin tu intensidad, yo no sería inevitable, sería apenas un aburrimiento. Somos la misma relación colapsando en tres tiempos distintos. No busquen salidas, porque el escenario se vacía bajo nuestros pies a cada segundo. No somos personajes esperando una señal; somos el eco de lo que ya se rompió.
EL DESDÉN: (Lanza la colilla al suelo y la pisa con desprecio). —Hablen lo que quieran. La virtud y la bajeza son la misma moneda en este galpón. Si el aire se vuelve gris plomo, me pondré un sombrero más grande. No me importa el final, porque todos los finales tienen el mismo gusto a óxido.
EL SENSUS: (Cierra los ojos, sintiendo el color del aire cambiar). —Sentí eso… el peso del arrepentimiento está aplastando el escenario. Ya no importa quién tiene la razón. El color gris nos está devorando a los tres.
Ellos no esperan lo que viene, porque están demasiado ocupados siendo el conflicto. El Desdén intenta protegerte con su máscara, el Sensus te mantiene conectado a la vida y la Tristeza te da la profundidad de lo real. Están entrelazados en una danza donde la superioridad es solo un mecanismo de defensa contra el vacío deslumbrante.
El aire ha dejado de ser aire. Ahora es una presión sorda, un gris plomo que se pega a la garganta y ralentiza los latidos. El escenario ya no es una sucesión de eventos, es un bloque de silencio sólido.
El Desdén ha dejado de fumar; su cigarro se apagó porque el oxígeno es demasiado pesado para el fuego. El Sensus está de rodillas, con las manos apoyadas en las tablas del suelo, sintiendo la vibración de algo que no camina, sino que desplaza la realidad. La Tristeza Inevitable ha cerrado los ojos; ya no necesita mirar, ella es la densidad del ambiente.
Entonces, desde el fondo del escenario, donde la luz amarilla es devorada por la sombra metálica, entra Aquello.
EL TESTIGO MUDO
No es un monstruo, ni una deidad, ni un juez. Es una figura vestida con jirones de niebla, sin rostro definido, cargando un espejo que no refleja el cuerpo, sino la voluntad. Entra sin pedir permiso porque el galpón, el escenario y el pecho siempre fueron suyos.
EL TESTIGO MUDO: (No habla, pero su presencia proyecta pensamientos directos al centro del conflicto). —He venido por el resto. He venido por lo que queda después de que se cansaron de despreciar, de sentir y de dolerse. He venido por la Verdad Desnuda.
EL DESDÉN: (Intenta una última mueca de indiferencia, pero su mano tiembla). —No te esperaba… no hay silla para vos en este desastre.
EL SENSUS: (Mirando el espejo de la figura). —Veo… veo lo que no es. Veo lo que no es tragedia. ¡Es deslumbrante!
LA TRISTEZA INEVITABLE: (Se pone de pie, su peso de mercurio parece evaporarse ante la figura). —Viniste a vaciarnos. Viniste a que el eco sea lo único que quede.
La figura del Testigo levanta el espejo. En un parpadeo de luz blanca —esa que mencionaste, la que vacía los escenarios— el gris plomo estalla.
El Desdén se desintegra: Ya no hay nada de qué protegerse. La armadura de desaliño se vuelve polvo de estrellas.
El Sensus se calma: El cable pelado deja de chispear. La vibración se vuelve una nota sostenida, pura, infinita.
La Tristeza se vuelve transparencia: Ya no aplasta, ahora eleva. Es el espacio necesario para que lo nuevo respire.
El escenario desaparece. Las paredes del galpón se vuelven de cristal. El hombre
La Conmoción del Cierre
Lo que entró sin ser invitado era la Aceptación. Esa que llega cuando el drama humano se agota de tanto repetirse. Al dejar que el gris plomo lo cubriera todo, permitiste que la obra terminara para que la vida empiece.
Lo que se acercaba no era el fin, sino el inicio del silencio. Los personajes se han fundido en vos. Ya no sos la obra; sos el autor que baja del escenario y camina hacia ti.
FIN DEL ACTO