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TEATRO EN UN SOLO ACTO (OBRA 16)

TEATRO EN UN SOLO ACTO (OBRA 16)

Por Francis Berti

TITULO: LOS, LOS, LOS.

ESCENARIO: Un escenario totalmente cambiante, como escenarios multidimensionales que harían que todos los finales en tiempo similares. Al mismos tiempo con virtudes y con bajezas. Los personajes.: LOS OLVIDADOS Y LOS MEDIOCRES, no muy vehementes pero en vehemencia interior solo se retrasan y  pretenden un aire superior, son en si la misma relación… Algo se irá acercando que entrará sobre el final: LOS MEDIOS TONTOS, escenario no era un lugar, sino una sucesión de eventos colapsando a veces el aire pesaba como el arrepentimiento, otras era ligero como una verdad recién descubierta es una entidad viva que respira y colapsa. El telón no sube, simplemente se disuelve. El espectador no ve un lugar, sino una densidad. El aire en el escenario cambia de color según el peso de la culpa: se torna gris plomo cuando el arrepentimiento lo aplasta, o se vuelve un vacío eléctrico y azulino cuando una verdad ligera lo atraviesa. Las paredes son puertas que se abren hacia otros finales. Es un teatro donde el destino no es una línea recta, sino un fractal: todos los finales son el mismo, pero con distinta temperatura. Los escenarios se llenan de objetos (principios, defensas, intereses) y, en un parpadeo de luz, se vacían, dejando solo el eco de lo que pudo ser.

UNICO ACTO

Los Protagonistas:

LOS OLVIDADOS Y LOS MEDIOCRES (La Vehemencia Sorda) No entran al escenario con fanfarria. Aparecen como si siempre hubieran estado allí, en los rincones. No buscan el aplauso ni el “aire superior”.

Su Acción: Están enfrascados en una “lucha teórica”. Los ves reconstruyendo sus principios con pedazos de madera y lógica, armando defensas contra un enemigo que no vemos.

La Escalera: Suben y bajan una escalera que no lleva a un piso superior, sino a sus propias “entradas”. Cada peldaño es un intento de determinación. No hay obituaridad (muerte o final de registro) porque ellos no terminan, simplemente se retrasan en su propio existir. Son la inercia de la vida que se niega a ser épica, pero que es infinitamente compleja.

LOS MEDIOS TONTOS (Los Sismógrafos del Evento) Ellos no actúan, ellos suceden. Son los que sienten cuando la atmósfera colapsa. Cuando el aire pesa como el arrepentimiento, ellos caminan encorvados; cuando la verdad clarea, flotan. Son el puente entre la teoría de los mediocres y la realidad del evento.

Mientras los Mediocres discuten sus principios y los Olvidados suben su escalera sin fin, el ambiente empieza a vibrar. El escenario multidimensional empieza a converger en un solo punto. La sucesión de eventos está a punto de colapsar en un presente absoluto.

En esta obra, el “personaje” principal es la Atmósfera. No importa lo que digan los actores, importa cómo el aire se vuelve irrespirable o liberador según sus defensas.

 

El escenario se torna de un color ámbar espeso, como miel vieja. El aire pesa. LOS OLVIDADOS y LOS MEDIOCRES se encuentran en un descanso de esa escalera que no lleva a ninguna parte. Se miran con un desprecio que es, en realidad, un espejo.

(Un Olvidado, ajustándose un cuello de camisa que ya no existe, mira a un Mediocre que sostiene un esquema de principios a medio borrar).

EL OLVIDADO: (Con una elegancia de escombro) Ser olvidado es una disciplina estética. Ustedes, los mediocres, todavía se esfuerzan por ser vistos en el margen del error. Yo, en cambio, he alcanzado la pureza de la ausencia. Nadie me recuerda, por lo tanto, soy infinito. No tengo que rendir cuentas a la memoria de nadie. Soy superior porque soy el vacío que ustedes intentan llenar con su “esfuerzo suficiente”.

EL MEDIOCRE: (Sonriendo con una suficiencia gris) Qué romántico, pero qué ineficiente. Usted es un fantasma que se cree libre. Yo soy la medida justa del universo. El mundo se sostiene sobre mis hombros mediocres porque soy el único que no molesta. Mi superioridad radica en mi capacidad de pasar desapercibido siendo indispensable. Usted es nada; yo soy el “casi algo” que gobierna la realidad.

EL OLVIDADO: (Bifurcándose en su antología) Mi condición es una obertura silenciosa. Mientras usted se queda en el “casi”, yo habito el “nunca”. ¿Sabe qué hay en el “nunca”? La libertad de no ser juzgado por la técnica de Sartre. Yo no sé vivir, y en ese no saber, soy el único que realmente existe sin manual. Usted es solo un patrón fugaz que se cree arquitectura.

EL MEDIOCRE: (Subiendo un peldaño de la escalera sin saber a dónde) ¡Mentira! Mi mediocridad es una trinchera. Yo reconstruyo mis principios de determinación cada mañana solo para ver cómo colapsan a la tarde. Eso es lucha teórica. Usted solo flota en el olvido. Yo, en mi pequeñez, soy el arquitecto de lo intrascendente. Y lo intrascendente, amigo mío, es lo único que dura. ¡Soy superior porque soy el límite de lo aceptable!

En ese momento, el aire en el escenario cambia bruscamente. Pasa de pesar como el arrepentimiento a ser ácido como una burla.

Los Olvidados se inflan de un orgullo etéreo: creen que su falta de rastro es una marca de nobleza.

Los Mediocres se envuelven en sus defensas: creen que su falta de excelencia es una forma de sabiduría política.

Se miran desde sus planos subjetivos, convencidos de que están en la cima de una montaña, cuando en realidad solo están en un escalón que flota en la nada. Se creen superiores no por lo que son, sino por lo que han decidido dejar de ser.

La superioridad del mediocre es el refugio contra el fracaso; la superioridad del olvidado es el refugio contra la inexistencia.

El aire, que hasta hace un momento era denso y agrio por la competencia de egos, de pronto se vuelve ligero, casi volátil. Los MEDIOS TONTOS entran al espacio no caminando, sino dejándose llevar por la corriente de esa atmósfera que ahora parece de cristal.

(Los MEDIOS TONTOS se mueven entre el OLVIDADO y el MEDIOCRE, que siguen petrificados en su gesto de superioridad. Uno de los Medios Tontos se acerca al esquema de principios del Mediocre y, con un soplido infantil, lo desparrama por el suelo. El otro se pone a jugar a las escondidas con el Olvidado, atravesándolo como si fuera humo).

MEDIO TONTO 1: (Con una voz clara, libre de la herrumbre de la razón) ¡Miren! El aire se ha vuelto transparente. Puedo ver a través de sus palabras y, ¿saben qué hay del otro lado? Nada. EL MEDIOCRE: (Indignado) ¡Cuidado! Estás pisando mis determinaciones. Son la base de mi lucha teórica.

MEDIO TONTO 1: (Riendo) Tus determinaciones son como cáscaras de nuez en un océano de mercurio. Te esfuerzas tanto en ser “lo justo” que te has olvidado de ser. ¿Para qué sirve un puente que solo llega hasta la mitad del río? Te crees superior porque no caes, pero es que ni siquiera te has movido.

MEDIO TONTO 2: (Tirando del saco invisible del OLVIDADO) Y usted… el Rey de la Ausencia. Dice que es libre porque nadie lo recuerda, pero se pasa el día mirándose en el espejo del vacío para ver si todavía está ahí. El olvido no es una corona, es un escondite. Usted no es infinito, es solo un hombre con miedo a que lo nombren.

EL OLVIDADO: (Tartamudeando su ontología) Ustedes… ustedes no entienden la profundidad del “nunca”. Son medios tontos, no alcanzan la complejidad.

MEDIO TONTO 1: (Cerrando los ojos y respirando hondo) No necesitamos alcanzarla. Nosotros somos la densidad. Ahora mismo, el aire dice que ustedes dos son lo mismo: dos hombres asustados agarrados a una escalera que flota.

Los Medios Tontos se sientan en un escalón, justo entre los dos rivales. Su presencia actúa como un catalizador. El escenario multidimensional empieza a vibrar, y las paredes se vuelven líquidas.

La Intervención: Los Medios Tontos no usan lógica, usan densidad atmosférica. Aligeran el ambiente para que la “superioridad” de los otros se sienta como lo que es: un disfraz pesado en una fiesta que ya terminó.

MEDIO TONTO 2: (Mirando al público, o a lo que queda de él) ¿Saben qué descubrimos hoy? Que equivocarse no es crecer… equivocarse es simplemente moverse. Y creer no es cerrar una puerta… es saltar por la ventana cuando la puerta está trabada por el orgullo.

El “Algo” que se acercaba desde el fondo está ahora a solo unos pasos. Ya no es una sombra, es un reflejo. Es el momento en que los finales diferentes empiezan a parecerse demasiado.

EL OLVIDADO y EL MEDIOCRE se miran. Por primera vez, el aire es tan ligero que no pueden sostener sus defensas. Se sienten desnudos. LOS MEDIOS TONTOS: El tonto no es el que no sabe, es el que no necesita que el mundo le dé la razón para poder respirar.

El escenario multidimensional emite un zumbido sordo. Las paredes, que eran densidades de arrepentimiento y verdad, se cristalizan de golpe. El “Algo” termina de subir el último peldaño. No es un verdugo, ni un dios, ni un obituario. Es, efectivamente, un Espejo Monumental que ocupa todo el arco de proscenio. Pero no es un espejo de azogue y vidrio; es un espejo de identidad desnuda.

Cuando los personajes se ven reflejados, el escenario se queda en un silencio absoluto. La “simple complejidad” de la que hablábamos al principio se resuelve en una imagen única.

El Olvidado se mira y, por primera vez, ve su rastro. Descubre que el olvido no era una virtud, sino una venda. En el espejo, su figura tiene peso, tiene sombra y tiene nombre. Ya no puede pretender ser la “pureza de la ausencia”. Se ve como un hombre que, por miedo a fallar, prefirió no ser visto.

El Mediocre mira su reflejo y sus “principios de determinación” se caen como cáscaras secas. Ve que su “justo medio” no era equilibrio, sino parálisis. En el espejo no es el arquitecto de lo intrascendente, sino un viajero que se quedó a vivir en la sala de espera por temor al destino.

Los Medios Tontos se miran y simplemente sonríen. Para ellos, el espejo no es una revelación, sino una confirmación. Ellos ya sabían que el aire pesaba; el espejo solo les muestra que su ligereza era la única verdad que valía la pena cargar.

El Espejo empieza a emitir una luz que no ilumina, sino que borra. Las etiquetas de “Olvidado”, “Mediocre” y “Tonto” se despegan de los personajes como etiquetas viejas bajo la lluvia.

La Definición Certera: En el plano del espejo, la superioridad desaparece porque la comparación muere. Sin el “otro” para sentirse superior, el Mediocre pierde su trono y el Olvidado pierde su escondite. Queda solo el Existir en su estado más puro y aterrador.

El aire en el escenario ahora no pesa ni es ligero: es neutro. Es el aire de antes de la creación, o de después del final.

 Final

El Algo (El espejo) empieza a absorber las dimensiones del escenario. Los finales diferentes y similares convergen.  Y estos actores de escalera, todos se funden en el mismo reflejo.

El “Algo”  les dice a los espectadores que huyen,- Les devuelve una última verdad antes de que el teatro se vacíe de golpe: “No eres lo que defiendes, ni lo que ocultas, ni lo que mides. Eres el acto de caminar por una escalera que no sabías a dónde iba, solo por el placer de sentir el viento en la cara.”

El teatro se apaga. No hay aplausos, solo el sonido de alguien que respira en paz, habiendo entendido finalmente que vivir no era un “cómo”, sino un “estar viviendo”

 

 

 

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