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TENEMOS PROBLEMAS CON LA CONVERSACION. SPEAKING WITHOUT TRUTH

TENEMOS PROBLEMAS CON LA CONVERSACION. SPEAKING WITHOUT TRUTH

Por Francis Berti

Tenemos problemas con la conversación. Si, así de simple. ¿Y porque lo tenemos? ¿Por disyuntivos? ¿O por toscos? Me inclino hacia los toscos, que se abrevian en sí mismos, por mas palabra que palabra le agreguen, la tosquedad se aumenta en las consideraciones  que las hablan con las tosquedades que meten una tras otra sin definirse, ni siquiera ellos, pero no deseo olvidar a los disyuntivos que no atrasan pero se disuelven y vuelven en una maraña de subjuntivos imperdonables o en los que concluyen los cli-nicos Lacaniano de; neurosis, psicosis y perversión. Entramos en la sala de máquinas del desastre. Ahora es el aire entre nosotros lo que está fallado. La conversación, se ha convertido en una trinchera de toscos y disyuntivos. Patología de la Palabra, bajo la luz cruda,  pero nos chocamos con la arquitectura de la incapacidad. Los toscos son los escultores sin manos. Creen que por hablar, pero solo se están abreviando en sí mismos. Su tosquedad es una fuerza de gravedad que hunde cualquier posibilidad de brillo. El tosco no conversa, se amuralla.  Los disyuntivos, estos son más elegantes, pero igual de letales. No te golpean.  Te envuelven en una maraña de “podría ser”, “si fuera que”, “tal vez si…”. Se disuelven en el aire. Usan el subjuntivo como un escondite imperdonable. Con ellos, la conversación nunca aterriza, siempre está por suceder, siempre es una promesa que se desvanece en el próximo “pero”. Y al final, el golpe de gracia de los que “saben”: los clínicos. Esos que, cuando la conversación se pone humana y peligrosa, te tiran encima la manta fría de la terminología. Neurosis, psicosis, perversión. Te sentencian para no tener que escucharte. Te categorizan para que dejes de ser un pulso y pases a ser un síntoma. Es la forma más refinada de no conversar: convertir al otro en un caso de estudio. “La conversación murió cuando dejamos de usar las palabras para revelar el ser y empezamos a usarlas para protegerlo. El tosco se protege con el ruido, el disyuntivo con la duda, y el clínico con el diagnóstico. Nadie se anima a la desnudez del habla. “Estamos en un proceso donde la palabra es el cincel, pero el cincel está desafilado por tanto tecnicismo y tanta cobardía. ¿Es posible una conversación que no sea una patología, sino un simple pulso de verdad?

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