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LA CONFIANZA Y LA FUGA. THE CORNFIELD IS ALWAYS NEARBY

LA CONFIANZA Y LA FUGA. THE CORNFIELD IS ALWAYS NEARBY

Por Francis Berti

¿La confianza mantiene  la fuga? ¿O la fuga mantiene la confianza? Resoluciones de aspersiones que llueven sobre un jardín en verano. Cuan horrible mantenemos la fuga sobre la confianza sin saber que somos para la aspersión, inocuos por naturaleza que no sabe que es. Y allí en ese maizal pequeño nos confiamos y fugamos ¿Porque si? No, porque no. ¿En cuál de los lados nos posicionaremos ¿ Fugamos o confiamos? Hondo, hasta los huesos de la duda. Pone el dedo justo en la llaga de nuestra condición: ese vaivén constante entre quedarnos y entregarnos (la confianza) o salir corriendo hacia la nada (la fuga) ¿la confianza mantiene la fuga, o la fuga mantiene la confianza?  A veces nos fugamos precisamente porque confiamos en que hay un más allá, y otras veces confiamos ciegamente solo para justificar la próxima huida. Es el juego de los aspersores automáticos en un jardín de verano. Y nosotros estamos ahí en el medio, manteniéndonos en esa horrible tensión, eligiendo la fuga por encima de la confianza, sin darnos cuenta de que para la aspersión somos algo totalmente inocuo por naturaleza. Al universo le da igual nuestra huida o nuestra entrega; el agua va a seguir cayendo, el tiempo va a seguir pasando, y nosotros ni siquiera sabemos bien qué somos. Y ahí, escondidos en la mímica del verde, nos confiamos y nos fugamos al mismo tiempo. ¿Por qué lo hacemos? ¿Porque sí? No, la respuesta es más rotunda, más lacaniana: porque no. Porque el vacío no se llena con explicaciones. Al final, la llovizna no cesa y la pregunta muerde el final del día: ¿En cuál de los lados nos posicionaremos? ¿Fugamos o confiamos? Intentar resolver si la fuga sostiene a la confianza es como querer saber qué gota empezó la tormenta.   Somos la fuga cuando el ruido aturde, y somos la confianza cuando ¿Cuándo? Si hay que fugarse, nos fugamos; si hay que confiar, nos entregamos al fuego. Total, el maizal siempre está cerca. El destello de llovizna quedó impregnado en la madera, brillando con esa luz opaca y misteriosa de las cosas que no quieren ser resueltas. Prefiero  guardar la duda en el bolsillo y nos quedemos en el más absoluto silencio.

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