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EL PAISAJE PÚBICO Y LA MATERIALIDAD DEL SUJETO. THE LANDSCAPE, PUBERTY, AND THE MATERIALITY OF THE SUBJECT

EL PAISAJE PÚBICO Y LA MATERIALIDAD DEL SUJETO. THE LANDSCAPE, PUBERTY, AND THE MATERIALITY OF THE SUBJECT

Por Francis Berti

El paso del espacio «público» al territorio «púbico», ese desplazamiento materialista que Lacan inaugura al descentrar al sujeto de la ilusión de la consciencia plena para enfrentarlo al enigma del goce, de lo pulsional y de la falla estructural. En este devenir, el consenso de la habitualidad y la pornografía cotidiana no son más que pantallas para tapar la incompletitud, el desecho de la progenie y la cruda materialidad del deseo.

El mapa ha cambiado. El viejo escenario de lo “público” —esa escenografía pulida donde los discursos simulan orden y el consenso busca domesticar el caos— se ha resquebrajado para revelar su verdadera topografía: el pensamiento púbico. Un territorio denso, húmedo, donde el deseo no se teoriza, sino que se padece y se encarna.

No habitamos ya la plaza transparente de la razón, sino la habitualidad de una pornografía no habituada: esa saturación de imágenes y goces inmediatos que cunde en los márgenes, en la progenie de certezas que desechamos para poder seguir viviendo. El sujeto contemporáneo se descubre constituido no por lo que sabe de sí, sino por lo que lo habita y lo excede.

Lacan irrumpe en este escenario no como un teórico distante, sino como un provocador del pensamiento materialista. Su gesto no fue explicar el enigma, sino interrogarlo: recordar que el lenguaje se marca en el cuerpo, que el significante golpea en la carne y que el inconsciente es una estructura tan real y física como la piedra.

Sin embargo, no nos quedamos en la repetición escolar de su itinerario. Desplazamos sus intervenciones fuera del diván, hacia la calle, hacia la metamorfosis de nuestras propias transformaciones. Reencontramos la materialidad del pensamiento en cada fisura del cotidiano: allí donde el discurso se quiebra, donde el cuerpo no responde al mandato social y donde el goce insiste por debajo del velo.

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