EL PATIO TRASERO (ÚLTIMA PARTE)
Por Francis Berti
Sino para despejar el camino hacia esta despedida. Ella está frente a él, y el patio desahuciado es el escenario de una liturgia de desprendimiento. Aquí, en el patio, esa diferencia se vuelve tangible. Se miran y reconocen que, aunque habitaron el mismo césped y las mismas sillas antiguas, cada uno lleva un desierto distinto en la mirada. Hay una luz muy específica en las despedidas. No es el fuego fatuo de la juventud, sino una claridad de atardecer, larga y dorada, que revela todas las grietas de las paredes.. Las sillas ya no son para sentarse a esperar, sino para apoyarse un momento antes de cruzar la puerta trasera hacia la calle, hacia lo que viene. El patio es el “punto medio” entre el hogar que intentaron construir y la intemperie que los reclama. Mientras ve cómo ella se ajusta el abrigo—. El patio queda ahí, desahuciado, guardando el secreto de lo que ocurrió entre la mucha y la nada de iluminación. Ella se va primero dejando el portón entreabierto, el se queda mirando el patio trasero como un imán desprendido. Ella cruza el umbral y el sonido del metal del portón rozando el cemento es el último acorde de ella. Como si el patio necesitara seguir respirando el aire de la calle, o como si ella supiera que los ciclos, como dijimos, cierran de un portazo. Él se queda ahí, convertido en ese imán desprendido. Es una imagen de una potencia física absoluta: un objeto que conserva toda su carga magnética pero que ya no tiene a qué pegarse. Siente la fuerza del tirón en el pecho. Se queda ahí, magnetizado por el recuerdo del relámpago, por las sillas antiguas y por el olor a tierra seca. Una luz cruda que le recuerda que el camino sigue fuera de esas medianeras. Sin ella, el patio recupera su silencio mineral. Los ruidos de los árboles ahora le hablan solo a él. Él mira el portón. Podría correr y cerrarlo para quedarse a solas con sus fantasmas. Se queda en el punto medio. El camina hacia por el portón. Sino un desplazamiento lento, casi geológico, como si hubiera encontrado su frecuencia de salida. Él deja de ser el centro del patio para convertirse en parte del flujo.