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SIMPLEMENTE ABANDONARON. THEY SIMPLY ABANDONED YOU

SIMPLEMENTE ABANDONARON. THEY SIMPLY ABANDONED YOU

Por Francis Berti

El espejo no duplica: se dobla. Se tuerce sobre su propio azogue como un cartón mojado bajo el sol de la siesta, devolviendo un rostro que ya no reconoce su centro.

A los lados de la calzada, las sillas rectas custodian la vereda. Nadie se sienta en ellas; su rectitud no es para el descanso, sino una imposición geométrica, una disciplina de madera dura que rechaza la curva de la espalda humana. Más allá, sobre el cordón gris de la calle, descansan las cubiertas desinfladas. La goma negra, gastada hasta el alambre, ha perdido su aire y su memoria de rodar; se aplana contra el asfalto como una lengua muerta que ya no quiere traccionar.

Arriba, en la esquina suspendida, cuelgan los pequeños semáforos. Sus tres ojos de vidrio permanecen apagados, opacos, sin verde que autorice el paso ni rojo que ordene la detención. Son linternas ciegas en mitad de la penumbra, señales mudas que ya no iluminan ni dirigen a nadie.

Todo se junta en la palangana del día. Un pururú de acontecimientos disímiles, de chispazos secos y restos de materia que van amasándose lentamente, girando sobre sí mismos hasta cobrar la forma de un pastel denso, perfumado por olores suaves —un aroma rancio de vainilla vieja, polvo acumulado y graso fría que adormece el olfato antes de tocarlo.

Y en medio de ese engrudo de cosas muertas emergen las prístinas orejas. Límpidas, rosadas, perfectas en su cartílago sin mancha. Pero no escuchan: se ahogan. El vidrio transparente que en su momento les permitió la palabra, el cristal pulido a través del cual creyeron comunicarse con el afuera, se ha vuelto un recinto estanco. El vidrio habla por ellas, pero no las deja respirar.

Porque no hubo elección posible. Cuando te decidieron en los escritorios limpios de la Utopía Fácil, cuando la burocracia del destino tipea tu nombre con la letra corrida, ya estabas predestinado a no volver. La partida quedó sellada antes del primer paso; el camino de regreso fue tachado antes de que aprendieras a caminar.

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