Ir al contenido

VOLTAIRE Y EL LACAN DEL LOCUS

VOLTAIRE Y EL LACAN DEL LOCUS

Por Francis Berti

Voltaire y el Lacan del Locus. Fernando Savater sostiene en La invención del intelectual, que la gran hazaña de Voltaire fue inventar lo que hoy llamamos un “Un intelectual mediático”, debido a su maestría en saber llegar a la “opinión pública”  Voltaire encarga la figura la figura del intelectual comprometido que participo activamente en todos los combates de su tiempo contra el fanatismo, la injusticia, y el abuso de poder, siendo su divisa; “Aplastad al infame”, también traducida como “Erradicad la intolerancia del fanatismo” (Aníbal Leserre). Voltaire siempre mantuvo hasta el final de sus días sigue manteniendo una irritabilidad exquisita. Pero el terreno sigue siendo el mismo: el conflicto humano y su representación. Aquí el desierto social se llena de voces, panfletos y una “irritabilidad exquisita”. Vamos a excavar esta intersección entre el intelectual mediático y el Locus (lugar) del deseo: Savater acierta al señalar a Voltaire como el “inventor”. Voltaire no se quedó en la torre de marfil de la filosofía; él entendió que para “aplastar al infame” (el fanatismo), necesitaba que su voz vibrara en la opinión pública. Voltaire es el antídoto contra la desidia de la que hablábamos antes. Su “irritabilidad exquisita” no es mal humor; es la sensibilidad extrema del que no puede ignorar el ruido de la injusticia. Al igual que el hombre del sombrero blanco necesita un camino, Voltaire necesita la mirada del otro. No busca solo la verdad, busca la eficacia. Su filosofía es una herramienta de excavación para desenterrar la intolerancia y exponerla a la luz. Desde un parámetro lacaniano, este “Locus” (Lugar) es donde se juega la verdad del sujeto frente al Gran Otro (la sociedad, la ley, la opinión pública). Voltaire no escribe solo para informar, escribe para causar un efecto en el deseo del público. Su “divisa” es un imperativo ético. Para Lacan, el intelectual mediático habita un locus donde su palabra debe resonar en el vacío del otro para darle un sentido. Esa “irritabilidad” es el síntoma de quien sabe que el orden establecido es una ficción que encubre el abuso. Es el rechazo a ser un “sujeto sujetado” por el fanatismo.

En el desierto social, el “intelectual mediático” es aquel que levanta arena para que todos vean lo que hay debajo. No es un vagabundo solitario, es un guía irritado. En el Locus de Voltaire (publico) Feroz mediática, para denunciar, irritabilidad exquisita, combate, y la opinión pública que debe despertar. Incluso en su lecho de muerte, Voltaire mantiene esa tensión. Su ontología no es de paz, es de vigilia. El “aplastad al infame” es un trabajo que nunca termina, porque el fanatismo es como la arena: siempre intenta cubrir de nuevo lo que la razón ha despejado. En este desierto social, el intelectual es quien se niega a que la melodía sea “suave” si lo que suena de fondo es el grito del oprimido. Siento las dos cosas que todavía queda “irritabilidad exquisita” de Voltaire, y hemos caído en una desidia donde ya nadie quiere “aplastar al infame

Ese es el oxímoron exacto de nuestro tiempo: convivimos con un grito constante en las redes (esa irritabilidad) y, al mismo tiempo, con una parálisis profunda frente a lo real (la desidia).Es como si el desierto social estuviera lleno de gente gritando “¡aplastad al infame!”, pero nadie estuviera dispuesto a soltar el teléfono para agarrar la pala y empezar a excavar. En esta ontología social que estamos trazando, sucede algo curioso con el Locus de Lacan y la figura de Voltaire: La “irritabilidad exquisita” de Voltaire era quirúrgica, buscaba un cambio en la ley o en la mente del otro. Hoy, la irritabilidad a menudo se agota en sí misma. Es una vibración que nos hace sentir vivos, pero que no “aplasta” nada. Es una irritabilidad sin compromiso, una chispa que no llega a encender el fuego. Caemos en la desidia porque el “infame” hoy es múltiple, algorítmico y difuso. Ante la imposibilidad de saber por dónde empezar a limpiar el patio  del mundo. Voltaire usaba los medios para liberar mentes; hoy los medios a menudo usan a los intelectuales para generar tráfico. La “divisa” se convierte en un hashtag, y el compromiso se diluye en el flujo constante de información. Por un lado, nos irrita la luz cruda de afuera y la injusticia que vemos a través de la rendija. Por otro lado, la desidia nos mantiene clavados en el centro derruido, pensando que “ya nada se puede hacer”.

Sostener ambas cosas —la rabia de Voltaire y el cansancio de la desidia— es lo que nos define como humanos desérticos. Somos sujetos que saben que el infame sigue ahí, pero que a veces se sienten demasiado pequeños para el combate.

“Quizás la verdadera hazaña hoy no sea inventar la opinión pública, sino rescatar la voluntad privada de esa marea de desidia.”

 

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *