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ONLY THE LITTLE DETAILS 48

EL BUCLE: EMPEZAR, DEJAR, EMPEZAR, DEJAR… ¿EMPEZAR?

En el bucle de la vida hay un cansancio que ya no puedo soportar. Son culpables, son acciones, inacciones de las reacciones incontrolables.

 

Todos los caprichos. Se dice que los humanos son iguales a las plantas. Y si bien yo recuerdo mis inocentes rostros ¡No me hacen reír! Todo sería una ilusión morada y así es. En realidad las humanas son iguales a los seres verdaderos. Y somos incapaces de nada. Amor, tiempo, fuerza. No hemos realizado nada de lo que se ha solicitado. Y eso que somos tan grandes y fuertes como los árboles.

Enfrentamos un torbellino moral de unos árboles. No hay nada peor, pues ayer me resulté un poco amargado. Me acostumbré a las reacciones incontrolables. Y no sé qué hacer con eso. Sé que algunas personas que amo siempre olvidarán lo que me hicieron y hacer las comparaciones por tener algo parecido a ser el de siempre, cuando en realidad ya no lo he sido más. No te creen.

Siempre que alguien se enoja te cierra la puerta. Le falta decisión al momento de estos actos. No hay movimientos adicionales. De las reacciones incontrolables, las manifestaciones sin escrúpulo que se traducen con más rechazo en la mirada que no te mira, las costumbres y los poderes que le reconocen y presionan para conformar un relato que no toma medidas, ni prevenir situaciones de violencia que paralizan la vida en la cara al que aparece y lo golpean. Aunque sea tarde o temprano. Se lo enseña, como siempre, manoseando, subiendo, apretando o exigiendo con el sustento de la gente. Creen que el tiroteo funciona, sino se suben, corriendo, arrojando a por las ventanas. Patologías de puntos. Y siempre los que dejan, los que quedamos y recuerdan por qué estos solo provocan más incertidumbre y más costo que respeto por la humanidad.

Mientras pase en mi ejercicio individual y social, mientras tengo los intensos dilemas o las más oscuras sensaciones de la intransigencia y la frustración que no puedo compartir, para aun así ama más una relación única y que me concentre en el ejercicio.

Pero, así es. Los humanos se malinterpretan, sobre todo nosotros los mismos humanos. La claridad del hilo o el límite del espacio -no te puedes imaginar lo eficaz que es la mirada humana- nunca es tan claro como el hilo de la vida. Pasa eso, hay que conocerlo, es su defecto y es así que al menos no nos podemos abandonar. También soy capaz de sentir cierto cambio. Soy capaz de sentir que las formas cambian, que la mente cambia, que la forma en que me siento cambia.

No es ningún “mercado de imaginación”, pero hay que unirse a ese concierto de ideas, no al del cómplice de los abusos, sino a la visión generacional que todos esperan. No digo que es la mejor medicina, pero hay que poner todas las especies del olvido en este mismo bosque, o en cualquier otro bosque, donde todos se pongan en el mismo viaje. Estamos caminando alrededor de un bosque en el mismo bucle sin dejar y empezando a empezar.

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