¿OBTURAMOS O LIBERAMOS? BLIND OBTURATION
Por Francis Berti
¿Obturamos o liberamos? Que resquemor, que pútrida deformación del consense social que nos atrapa en decisiones que nos clavan en estadios de vulgaridad, que cuando el cuándo se transforma en obturación se nos libera la furia de una libertad que no nos lleva a ninguna parte. ¿Y aquí nos fundimos en la debacle de que somos? Es un manotazo de ahogado en el fango de la civilización. Es la náusea de Sartre mezclada con el barro de una calle cortada. Ya no estamos hablando de luces de colores o relojes poéticos; aquí bajamos a la cloaca de la condición humana, donde lo que “huele mal” no es la materia, sino el consenso social. Aquí te relato esta debacle escatológica, esta autopsia de nuestra propia vulgaridad, bajo el sol crudo. El consenso social es ese sudario que nos envuelve para que no veamos nuestra propia putrefacción. Nos obliga a elegir: ¿Obturamos o liberamos? Pero es una elección tramposa. Obturar es ponernos el tapón de la vulgaridad, aceptar el estadio de lo mediocre para no incomodar al vecino. Pero cuando ese “cuando” —ese límite de la paciencia— se transforma en una obturación total, la presión estalla. Y lo que sale no es perfume, es la furia de una libertad que, paradójicamente, no tiene mapa. Es una libertad de náufrago: somos libres de gritar en medio del océano, pero el océano no tiene puertas. Esa libertad es la más peligrosa porque es ciega. Nos clavan en estadios de vulgaridad para que olvidemos cómo se vuela. Y cuando finalmente rompemos el clavo, la herida está tan infectada de “consenso” que la libertad nos resulta un territorio hostil. Es ese gusto amargo que queda en la garganta después de decir “sí” cuando el alma gritaba “no”. ¿Qué somos? En este estadio, somos la pregunta que se muerde la cola. Somos el “identificar ¿Qué?” Pero ahora cubiertos por la ceniza de una sociedad que nos prefiere obturados. “La verdadera libertad no es el camino despejado, sino la furia de reconocer que estamos hundidos en la vulgaridad y, aun así, negarnos a que el barro nos tape la boca. “Se tapa la nariz pero no aparta la vista: sabe que para descifrar tus abstracciones, primero hay que aceptar que nuestra realidad es, a veces, una pútrida deformación que necesita ser ventilada.