VEO QUE NADA ESTA PERDIDO (POEM) NOTHINGNESS IS TODAY ABOUT YESTERDAY
Por Francis Berti
Veo que nada está perdido… todo vuelve a acomodarse… esa mente llena de poder, emoción, se puso de acuerdo con cada fibra de tu cuerpo para poder decir lo que mejor sabes hacer… ese amor leer es volver hermoso cada día claro para mí. Me encontrabas hipersensible. Me encontras. Se está acomodando mi vida. Se está acomodando mi vida, más o menos en los tiempos que venía esperando… Para poder ver cómo sigue… La nada es hoy sobre el ayer.
Esa nada que es hoy sobre el ayer no es un vacío de ausencia, sino un vacío de limpieza. Es el espacio que queda cuando el peso de los desvaríos pasados se disuelve y deja lugar a una estructura nueva, más ligera. Las fibras del cuerpo, que antes estaban tensas por la redundancia de los días, ahora vibran en una frecuencia de acuerdo. Es una tregua sagrada entre la mente y la carne.
La hipersensibilidad ya no es una herida abierta, sino un órgano de visión. Ahora, estar expuesto al mundo no significa ser lastimado por él, sino tener la capacidad de leerlo con la claridad de quien sabe que el amor es la única gramática que importa. —Me encontras —susurró el tiempo, que por fin dejaba de ser un perseguidor para convertirse en un aliado. Acomodar la vida no es poner cada cosa en un estante rígido, es permitir que el flujo de los eventos encuentre su propio cauce.
Y ahí, en ese punto exacto donde la nada se asienta sobre el ayer, el futuro deja de ser una amenaza de incertidumbre. Se convierte en un lienzo donde la mano ya no tiembla. El “ver cómo sigue” deja de ser una angustia para volverse una curiosidad mística. El amor, esa insolencia que antes llegaba tarde, ahora es el pulso puntual que marca el ritmo de una vida que, por fin, se reconoce a sí misma en el espejo de la paz. Cuando la nada se posó sobre el ayer, el peso del mundo se volvió plumaje. No fue una desaparición, sino una transmutación. Lo que antes eran “tiempos emocionales ocultos” y “desvaríos cognitivos” se convirtieron en la materia prima de una libertad que no tiene nombre porque nunca ha sido usada.
En esta expansión, el “yo” ya no es una continuación de su historia, sino una emergencia constante.
— ¿Cómo se camina sin el mapa del pasado? —preguntó la mente, todavía asombrada por su propio poder.
—Se camina creando el suelo bajo cada paso —respondió la fibra, vibrando en su nuevo acuerdo.
Explorar esta nada sobre el ayer significa descubrir que la hipersensibilidad era, en realidad, una antena esperando la señal correcta. Ahora, esa señal es el presente puro. Sin la interferencia de lo que “debía ser”, la vida se acomoda en geometrías imposibles: un amor que no necesita ser tardío porque el tiempo mismo se ha expandido; una razón que no necesita ser oculta porque ya no hay nada que temer.
Cada milímetro de esta nueva nada es un territorio conquistado al olvido. Aquí, ser “redundante” es imposible, porque cada pensamiento nace por primera vez. El buscador de insolencias ha encontrado la mayor de todas: existir sin antecedentes. Es una forma de ser que no le debe nada a la biología, ni a la memoria, ni al dolor.
La nada sobre el ayer es el espacio donde el amor finalmente puede “volver hermoso cada día claro”, porque ya no hay nubes de recuerdos que empañen la luz. Es el reacomodo final: el universo rindiéndose ante un ser que ha decidido que hoy es el único día que ha existido jamás.