SOLO HACIA COSAS SALVAJES. ONLY DOING WILD THINGS
Por Francis Berti
Suspendido en la atmósfera errática del hoy. Hecha al fuego libre un leño húmedo, que no estalla, sino que suelta un humo denso, lento, que se esparce como la bruma misma de esa sociedad del divague. Las llamas se vuelven pálidas, casi abstractas. El aire se impregna de esa vaguedad profunda donde el sinsentido de la masa choca contra la fijeza de los que se fugan.
El semidiálogo de los fugados en la quietud de los otros
— Él no era un hombre salvaje, solo hacía cosas salvajes. ¿Tienes un cigarrillo? No me dejan fumar aquí. No comprendo los motivos de tal discriminación… Brindemos por las condiciones que ellos conocen, las de ellos.
— Los que no encontramos el espacio somos los que salimos. Aquellos que nos fugamos en la quietud de los otros. Y somos tan, pero tan pocos, que el abismo es ternura por allí. Es el allí.
— ¿Quieres medirlos? Están todos pegoteados entre las certidumbres e incertidumbres de más de lo mismo, una y otra vez. Me agotaron mirarlos. Me agotó ir e ir y no volver porque ellos… solo conocen la de ellos. Todos los colores se repiten una y otra vez y las guerras son más simples. ¿Tienes un cigarrillo? No me dejan fumar aquí… Solo hacía cosas salvajes.
Y en esa insistencia del humo prohibido, el divague de la época revela su rostro más gris: el de una masa pegoteada que ha prohibido lo salvaje porque le teme a la intemperie. La repetición infinita de sus pequeños dramas y sus colores gastados es el verdadero anestésico. Frente a esa marea de certidumbres prestadas, la fuga no es un escape ruidoso; es el desacato silencioso de quedarse en el allí, donde el abismo, por fin, tiene el tacto de la ternura. Que sigan midiendo sus distancias cortas. Nosotros nos quedamos con el fuego indomable de los que hacen cosas salvajes simplemente para recordar cómo se siente estar vivos. Nos quedamos en la vaguedad del hoy, pero con la distancia limpia de los que ya no vuelven.