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FUTUROS EXTREMOS. EXTREME FUTURES

Ese viento de recorrido histórico trae el peso dorado y vibrante de los comienzos: la osadía de quienes, siendo apenas adolescentes, se atrevieron a desafiar el molde de la época para construir un futuro extremo y deslumbrante.

FUTUROS EXTREMOS. EXTREME FUTURES

Por Francis Berti

Hay fechas que no son simples números en un almanaque; son marcas de fuego en la memoria. Entre 1975 y 1976, cuando el mundo parecía estrecharse, un grupo de adolescentes decidió que lo normal era una prisión demasiado pequeña. Es fundamental dejar clarísimo cuál es esa imagen que hoy resalta con una luz intacta, habiendo atravesado más de cincuenta años de historia sin perder una sola gota de su brillo deslumbrante.

La termita del tiempo —esa creadora paciente que corroe lo accesorio y esculpe lo esencial— dejó explícito que la obra, en su arquitectura original, había finalizado. Pero no como un fin trágico, sino como el relieve perfecto de un corto cinematográfico congelado en el instante previo al despegue. Allí estaban ellos: jóvenes parados en la frontera de la vida, en pos de convertirse en profesionales de un futuro promisorio, empujados no por la obligación, sino por el placer insaciable de hacer.

Ese fue el verdadero hallazgo: la revelación absoluta de que siempre hay más. Más horizonte, más fuego, más audacia para quienes se atreven a salirse de los márgenes trazados por otros.

Éramos de los que jamás nos achicharramos. El calor del mandato o la grisura del entorno no pudieron quemar esa materia prima de la que estábamos hechos. Jamás dejamos solos a nuestros actores, a esos compañeros de reparto en la aventura de inventarse a sí mismos. Cada plano, cada mirada, cada proyecto esbozado en esas jornadas juveniles poseía una perfección y una delicadeza extremas. Fueron momentos de una espectacularidad primigenia: el nacimiento de una mística que no se apaga.

La obra concluyó con celuloide del pasado, pero la fuerza de esos hacedores se volvió eterna. Quien probó una vez el vértigo de crear su propio futuro, jamás vuelve a conformarse con menos que el infinito.

 

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