ADVERTENCIA DEL GAJO, PARA MORDER MEDIDO. WARNING: MEASURED BITE WEDGE.
Por Francis Berti
La vida no descansa. Tiene esa terquedad metálica, ese ir y venir que raspa la existencia hasta sacarle viruta a la memoria. Desgasta por fricción, por la mera insistencia de estar siendo en presente indicativo, aplastante y definitivo. Pero yo he aprendido a no chocar contra el diente de la hoja. Me deslizo por las vías paralelas, esas que no figuran en los planos porque no conducen a ninguna estación útil, a ningún escape programado. Son las vías de la posibilidad puramente hipotética, el trazado suave de lo que jamás habrá de cumplirse.
Ahí, en ese margen gramatical, administro mi resistencia. Mientras la masa de transeúntes avanza anestesiada por la certeza de lo que sigue, yo construyo una dieta privada. Mi festín hecho exclusivamente; Si sucediera. Como si doliera. Tal vez si la piel… En el modo subjuntivo la máquina se vuelve ciega; no puede predecir la ruta de un pensamiento que rehúsa afirmarse como hecho. Pero la materia tienta.
Hoy, en el cruce de los andariveles, los vi. Uno deambulaba cerca del carro del chatarrero, rozando los paredones gastados con la torpeza del que acaba de recuperar la gravedad. Sus dedos temblaban al tocar el hierro oxidado; probaba la realidad como quien mete la mano en agua helada.
Si por pura sensualidad te tienta la pulpa de lo real, si la sed de existencia te empuja a meter los dedos en la grieta, tenés que recordar la regla única de este territorio: un gajo. Un gajo solamente tienen que morder. Morder más de un gajo es entregarse. La sensualidad de lo real es un veneno delicioso que solo se tolera en dosis infinitesimales.
Probar apenas la acidez de esa pulpa entre los dientes, retener el jugo un segundo en la lengua, y de inmediato retroceder. Volver a la penumbra de la sintaxis. Volver al ojalá, al pudiera, al refugio inalcanzable de las dulzuras que no se acercarán nunca, pero que nos mantienen despiertos mientras el mundo se desmorona en la avenida.