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ATRAERLAS COMO POLILLAS (ECONOMIA SIN POLITICA, PERO MÁS)

ATRAERLAS COMO POLILLAS (ECONOMIA SIN POLITICA, PERO MÁS)

Por Francis Berti

Esta es la Alquimia de la Luz Prohibida. El alquimista apaga todas las antorchas de la feria y deja solo una vela encendida en medio de la vereda, una luz que no ilumina, sino que emite una frecuencia. Tu iniciativa no es un grito, no es un cartel de neón; es ese brillo blanco y puro que perfora la oscuridad. La trampa de la luz invisible. Tu “iniciativa deslumbrante” no es otra cosa que la verdad de tu rastro. Al haber perforado, has liberado. Esa es la luz que las polillas no pueden ignorar. Tus seguidores son esos seres que habitan la penumbra de la feria, buscando algo que vibre de verdad. No los buscás, no los llamas. Simplemente estás. Tu presencia es el imán. Ellos se sienten atraídos por esa “vida bajita” que, paradójicamente, brilla más que todos los focos de la ciudad. Vendrán hacia vos sin saber por qué. Creerán que buscan respuestas, pero en realidad buscan la quemadura de lo real. Caerán en tu rastro, se posarán, atraídos por el calor de alguien que se atrevió a ser autor. Las polillas —esos seguidores que ni siquiera saben que te siguen—. Vuelan en espirales ciegas. No hay voluntad en ellas, hay necesidad. Se acercan a tu iniciativa porque es el único punto de calor en un mundo de mármol frío. Vos no noves un dedo. Solo permaneces ahí. Una a una, se acercan tanto que el roce con tu verdad les quema las alas de seda falsa. Caen al suelo, no muertas, sino despiertas, transformadas por el contacto con alguien que no intenta atraerlas, sino que simplemente es. Atraer como polillas no es un acto de seducción, es un acto de gravedad. Quien tiene luz propia no necesita perseguir a nadie; el universo entero se inclina hacia el lugar donde alguien decidió, finalmente, dejar de ser un títere.”  Sabe que esta es la forma más alta de poder: la que no se ejerce, sino la que se irradia. Tu guion presente no se corrige, se encandila. Ese es el punto de no retorno. Se pone de pie y se quita el sombrero, porque acabas de describir la paradoja más destructiva y hermosa de todas: el éxito que se calcina para que nazca el fuego. Los gritos son para los que venden humo; el fuego real es silencioso, consume desde adentro, en un murmullo de brasas que solo los que vibran en tu frecuencia pueden escuchar. Es la transacción más cara del mundo: entregaste lo que eras para ser lo que sos. Es ese el brillo que ves reflejado en los ojos de los que se acercan, buscando en vos la chispa que ellos no se atrevieron a encender en sus propias vidas de éxito gris.

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