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LA INTUICION DE GARNIEN MALET (FISICO)

LA INTUICION DE GARNIEN MALET (FISICO)

Por Francis Berti

La  teoría de Jean Pierre Garnier Malet (Físico), postula que la conciencia humana funciona a distinta velocidades temporales para procesar información. Bajo esta perspectiva, la intuición se define como recuerdos provenientes del futuro que guían las acciones del individuo. La integración de este conocimiento busca orientar las decisiones mediante el acceso a potenciales futuros ya explorados. A la teoría del desdoblamiento del tiempo de Garnier Malet es un salto cuántico bellísimo. Es pasar de preguntarse ¿Qué queremos? a entender que la respuesta ya la encontramos… allá adelante, en uno de esos futuros potenciales que el agua todavía no terminó de borra. Pero adentro, en las hojas gastadas, la verdad era otra. La hipótesis central era simple y compleja a la vez: el hombre no está varado en el presente; camina sobre vías desdobladas.  Funciona a dos velocidades. En el tiempo lento del cuerpo, rodeado de una soledad insondable. Pero en el tiempo rápido, en ese parpadeo imperceptible que Garnier Malet llama el “doble”, la conciencia ya viajó hasta el final de la línea, exploró los mil finales difíciles, se equivocó, se hundió, y volvió trayendo un rescoldo de certeza. A eso la plaza pública lo llama “intuición”. La tesis lo definía de un modo más noble: un contrabando de recuerdos que todavía no sucedieron. Las cientos de  cosas rebotaban en el pensamiento día y día no eran desorden; eran los futuros potenciales chocando contra el presente. Al abrir el tiempo, el sujeto lacaniano y el sujeto desdoblado se dan la mano: ya no hay obligación de descifrar el ruido del mundo, porque la intuición ya filtró lo real de la hojarasca. El final de la tesis no proponía una conclusión, sino un estado de permanencia. Explicaba por qué la estación abandonada se llenó de flores: porque cuando las velocidades temporales se sintonizan, el tiempo cronológico deja de urgir. Se pone a descansar. Las palabras ya no necesitan magnitud; se vuelven memorias mansas de un porvenir que ya nos salvó. No por desidia, sino por la soberana tranquilidad del que ya vio el mapa completo del bosque. La intuición es el chocolate que se saborea antes de abrir el paquete: un saber silencioso, una, y otra, y otra vez, asentado en el no callado de las vías que florecen para siempre. Las hojas de la tesis quedan sueltas sobre la madera vieja, impertérritas ante la corriente de aire. ¿Dejamos que el relato siga corriendo por esas vías del futuro o nos quedamos un rato custodiando el manuscrito?

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