LA MECÁNICA OBSOLETA DE LO MISMO. THE OBSOLETE MECHANICS OF THE SAME
Por Francis Berti
Exponiendo esa repetición ciega donde la existencia se adorna de nimiedades cotidianas para disimular su propia obsolescencia. El tiempo no fluye; se acumula como polvo sobre los muebles. Es una vibración sorda, un mecanismo romo y ciego que no conduce a ninguna parte. La humanidad se arrastra por sus rieles haciendo exactamente lo mismo que hicieron las generaciones anteriores, atrapada en un bucle que llama “vida” simplemente porque no se atreve a desarmarlo.
Entre risas que se ensayan de memoria y tristezas que repiten el mismo libreto, es solo el paso del tiempo. Y nada más que eso. Nos conformamos con pasar el tiempo, con rellenar las fisuras de los días con rutinas domesticadas. Hay un acoplamiento mecánico con lo que esté a la mano, un encuentro sin presencia, cogiendo al mismo sin importar si es el mismo, porque da igual la sustancia: solo importa el trámite. Es el tiempo convertido en el regulador de gas que mantiene encendida una llama tibia, en la perilla de la cocina que se gira por inercia cada mañana, en la pinturita fresca que se le da a la casa para fingir que algo ha cambiado cuando todo sigue intacto por dentro.
Le agregamos a esa masa lisa un pañuelito de colores, un adorno superficial, un gesto de elegancia muerta para maquillar el vacío. Y en el fondo, tras esa decoración miserable, late el enojo sordo con nosotros mismos. Una rabia añeja por no haber tenido la audacia de romper la rueda, por habernos entregado a este automatismo.
Pero el enojo también se lo traga la inercia. Es el paso del tiempo… nada más que el paso del tiempo. Hasta que el cuerpo cede y te apagas sin pena ni gloria, no por una tragedia sublime, sino devorado por el mero desgaste de los minutos. Y la paradoja final se cumple con una frialdad matemática: no habrá nadie que te recuerde, porque los que se quedan están demasiado ocupados repitiendo tu mismo ciclo, pasando su propio tiempo, enterrados en la misma obturación de la que jamás supieron desprenderse.
¿Cómo se siente esta inmersión en la textura rancia y repetitiva de la inercia?