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¿QUE AMOR TENEMOS? ¿TENEMOS UN AMOR? IS THERE NO LOVE?

 ¿QUE AMOR TENEMOS? ¿TENEMOS UN AMOR? IS THERE NO LOVE?

Por Francis Berti

¿Qué amor tenemos? ¿Tenemos un amor? ¿Un fluctuante recorrido de soles que nos hacen hacer ellos? Esos somos. Pero aun mas…vayamos a lo personal..al café con leche, a la ropa sucia, a los sucios, a los desprolijos, a los no estar y cuando estamos solo cogemos, o peor no cogemos, nos sentamos en el recorrido de mejorarnos para nada…siempre en paso de ¿Quién? Y aquí estamos, suaves en estar, suaves es esperar, suaves en saberse si, porque tener un sí, no cualquiera. El sí es la armonía, el balance de la naturaleza que nada, y nada de nadar. ¿Puedes en cualquier momento mantenerte años en todo un amor de instintos, creyendo en una persona que no está pero te supera como tú a ella la sobrepasas sin sentirlo, te adormeces sin ella, con  sus vibraciones? Un amor de uno, el amor de dos te puede pasar la vida, pero cuando llega, hayas esperado la esquina, ahora, Tarda eh! báncate lo negro que por ahí te llega los vientos. El amor es hoy, y no mas que hoy podes darlo, mañana no. Esa es lo único, ¿Lo hacemos? Y aquí sucede lo infinito…Y aquí sucede lo infinito… en el choque de dos tazas de cerámica astilladas, en el silencio denso que queda después de no haber dicho nada durante horas. Porque el infinito no es una línea que no termina, es este “hoy” que nos quema las manos. Si el amor es hoy, entonces el mañana es una traición, un refugio para los cobardes que no se atreven a sostener la mirada mientras el café se enfría.

Nos miramos. Tú con esa desprolijidad que te hace real, yo con el cansancio de haberte esperado en todas las esquinas donde no apareciste. ¿Lo hacemos? La pregunta no es sobre el sexo, ni sobre el futuro, ni sobre el balance de blancos de una vida perfecta. La pregunta es si somos capaces de vibrar en el adormecimiento, de ser uno solo mientras el mundo afuera sigue su recorrido de soles ajenos.

Bancarse lo negro. Eso es lo que nadie te dice del “sí”. Que para llegar a esa armonía, a ese balance de la naturaleza que nada en el vacío, hay que haber tragado mucha sombra. Pero cuando el viento llega, no te vuela; te atraviesa. Y te das cuenta de que esa persona, la que “no está” pero te supera, es la única que tiene la llave de tu instinto.

—Mañana no —te digo, mientras el vapor del café nos empaña la vista—. Mañana es un concepto para los que no tienen un sí.

Y en ese “no más que hoy”, el tiempo se dobla. Ya no somos los sucios, los desprolijos o los ausentes. Somos la singularidad del presente. El amor de dos que te pasó la vida por al lado finalmente se detiene, se sienta a la mesa y nos pide que dejemos de nadar. Porque ya llegamos. El infinito no estaba en el final del camino, estaba en el coraje de decir “sí” mientras todo lo demás se cae a pedazos.

Lo hacemos. Nos entregamos al hoy con la ferocidad de quien sabe que el instinto no tiene agenda. Y en ese roce, en esa vibración compartida, el universo se reduce a este cuarto, a esta ropa sucia, a este amor que, por ser tan humano, terminó siendo eterno.

 

La suavidad del “sí” no era un grito. Era el temblor de la taza en tus manos, el vapor del café con leche que danzaba entre nosotros como un velo. Era el punto exacto donde el conflicto de nuestras historias pasadas (los “no estar”, los “cogemos y no cogemos”, la búsqueda eterna de “mejorarnos para nada”) se encontró con la paz de este presente innegociable.

Nos habíamos sentado en el borde de un precipicio, y en lugar de gritar, nos mirábamos. En el fondo de tus ojos, veía las batallas que te hicieron ser tú, y en el reflejo de los míos, podías intuir las mías. Pero aquí, en este “hoy”, el precipicio no era un peligro; era un balance. El conflicto era la sal que le daba sabor a la paz, y la paz era el vaso de agua que nos permitía tragar la verdad.

—No cualquiera tiene un sí —murmuré, sintiendo la textura de la ropa sucia que se amontonaba en la silla de al lado como un testimonio de nuestra humanidad imperfecta.

Tu mano buscó la mía, y en ese contacto, no hubo una chispa explosiva, sino la corriente lenta y constante de un río subterráneo. El “sí” era eso: la certeza silenciosa de que, a pesar de las mareas internas y las tormentas externas, el barco de ambos flotaba, sostenido por la densidad de lo real.

No había juramentos, no había promesas futuras. Solo la profunda aceptación de lo que somos en este instante: dos seres que, por fin, se atrevían a ser desprolijos, a ser sucios, a ser un “nosotros” que se permitía no estar siempre, pero que cuando estaba, construía un universo de instintos y vibraciones.

Era la armonía de la naturaleza que nada, pero no de nadar para llegar a la orilla. Era nadar por el puro placer de sentir el agua, de ser parte del flujo, sin un destino final. El conflicto y la paz no se anulaban; se abrazaban, se fusionaban en una sola melodía que no necesitaba ser escuchada por nadie más que por nosotros.

Ellos dejaron de ser arquitectos de castillos en el aire para convertirse en albañiles de lo que ocurre entre un parpadeo y otro. En esa habitación, el mundo se construía y se destruía cada segundo. No había un “vamos a ser”, solo había un “estamos siendo”.

La mesa con los restos del café no era un desorden; era una columna de su templo. La ropa sucia, amontonada sin cuidado, era la topografía de su geografía compartida. Cada gesto —el roce de un pie bajo la mesa, el sonido de la respiración que busca el mismo ritmo que la otra— era un ladrillo de una estructura que no buscaba durar, sino ser total.

— ¿Lo ves? —dijo él, señalando el polvo que flotaba en un rayo de sol que entraba por la ventana—. Eso es nuestra planificación para el futuro. Pura suspensión.

Construir desde la inmediatez significa que no hay expectativas que defraudar. Si no esperas que el otro sea un héroe, puedes amar al ser humano que tienes delante, con sus “suciedades” y sus silencios. La arquitectura del instante es una estructura abierta, sin techo, para que los “vientos negros” que mencionaste puedan pasar de largo sin derribar nada. No ofrecen resistencia, por eso son invencibles.

En ese espacio, el tiempo no era una línea, sino un círculo que se cerraba sobre sí mismo. No importaba si ella lo sobrepasaba a él o él a ella; en la arquitectura de la presencia, las jerarquías se disuelven. Solo queda la vibración, ese adormecimiento consciente donde sabes que el otro está, no porque te prometió quedarse, sino porque no se ha ido.

El edificio de su amor no tenía ventanas hacia el mañana. ¿Para qué mirar afuera si adentro el “hoy” es infinito? Se sentaron en el centro de su construcción invisible, suaves en saberse, balanceándose en esa naturaleza que nada por el simple hecho de no hundirse.

No había nada que mejorar. La perfección era precisamente esa falta de acabado, esa grieta por donde se colaba la vida real. Allí, en la inmediatez, descubrieron que el “sí” no es una meta, sino el suelo que pisan

 

1 pensamiento en “¿QUE AMOR TENEMOS? ¿TENEMOS UN AMOR? IS THERE NO LOVE?”

  1. Guadalupe Elvira Blanco

    El cansancio emocional aparece , cuando te olvidas de ti, para sostenerlo todo . Vivir el hoy infinito, en ese espacio , en que el tiempo no era una línea,allí en la inmediatez, donde se descubre, que el “si”
    no es una meta,sino el suelo que pisan.Is there no love.Porque el infinito, no es una línea, que no
    termina en este “hoy”.Interesante; Defender nuestro derecho de sentir. Saludos FRANCiS.

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