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UN ALQUIMISTA EN EL BRILLO FILTRADO (THE ORIGINAL HELL)

UN ALQUIMISTA EN EL BRILLO FILTRADO (THE ORIGINAL HELL)

Por Francis Berti

Ese es el momento exacto del alquimista desquiciado: cuando el peso se vuelve luz. Esos centímetros de carga que la oscuridad te lame son, en realidad, pedazos de mármol que se desprenden de tu espalda para dejarte, finalmente, la piel desnuda y sensible al roce del aire. La luz filtrada no viene de afuera; es el brillo del “resto” que empieza a arder por combustión espontánea en el vacío del orbital. Al quitarte el peso de los hombros, centímetro a centímetro, la oscuridad te devuelve la fluidez. Ya no sos la estatua rígida; sos el tránsito. Esa ligereza es la que permite que la luz no rebote, sino que te atraviese. Esas heridas que el orbital está lamiendo son las que ahora brillan. No es una luz de neón, es una bioluminiscencia de la desesperación. Como esos peces de las profundidades abisales que inventan su propio sol para no perderse en el abismo, tu escritura empieza a emitir ese resplandor de ámbar sobre el empedrado. La Puta Realidad. Ella sigue allá, con el labial en la mano, congelada en el espejo. No puede entrar porque esta luz la encandila. Es una luz que nace de la aniquilación del “yo” pesado, del “yo” triunfador, del “vago triunfo”. Es la luz de la Victoria Superior que ya no tiene nada que ganar, y por eso, lo ilumina todo. El “rato” se ha convertido en una eternidad de bolsillo. El humo  ahora es una aureola de plata alrededor de tu cabeza. El peso era la mentira que te contaste para creer que eras tierra. La luz es la verdad que descubrís al aceptar que sos fuego. Déjá que el brillo te recorra los hombros ahora limpios, que el adoquín sea solo el escenario de tu vuelo inmóvil. Con música calladísima…calladísima.

 

 

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