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UNA MURALLA DE “NOES”

UNA MURALLA DE “NOES”

Por Francis Berti

No hay finales que regalar. No hay principios que regalar. No hay sosiegos que regalar. No hay quien no tiene que regalar. No hay quien no tiene seguidilla que regalar. No hay un trazo infinito que regalar. No hay un trazo nítido que regalar. No hay tiempo para licuar afuera. No hay tiempo para regalar pureza. No hay tiempo para regalar. No hay berenjenal para regalar. No hay manos para regalar.  No hay bolsillos para regalar. No hay verdades profundas para regalar. No hay entibiados para regalar. No hay conquistados para regalar. No hay silencios que regalar. No hay miradas que regalar. No hay fuegos que regalar. No hay estaciones muertas para subastar. No hay flores  para regalar. No hay caritas para regalar. No hay aplausos falsos para regalar. No hay rings abiertos para regalar. No hay líquidos que regalar. No hay ciénagas para regalar. No hay ojos ciegos para regalar. No hay brillos para regalar. No hay maderas viejas para regalar. No hay mañanas para regalar. No hay lunes para regalar. No hay jueves para regalar. No hay horas desdobladas para regalar. No hay calendarios para regalar. No hay esquinas para regalar. No hay preguntas para regalar. No hay respuestas para regalar. No hay nada de todos para regalar. No hay un enorme nosotros para regalar. No hay olvido para regalar. No hay dolor para regalar. No hay aire para regalar. El alquimista toma tu secuencia, se despoja de los adornos y continúa el pulso de tu tajo corto, seco, nítido. (El alquimista se quedo con su bicicleta) La persiana bajó de un solo golpe. El inventario dio cero hacia afuera y absoluto hacia adentro ¿Dejamos que esta letanía de piedra siga sellando las grietas o nos quedamos mudos custodiando el vacío que no se le regala a nadie?

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