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LAS TRINCHERAS INTERNAS. THE INTERNAL TRENCHES

LAS TRINCHERAS INTERNAS. THE INTERNAL TRENCHES

Por Francis Berti

Trincheras  internas. Escapar de las guerras, es deshacerse de las violencias, cotidianas y extensiva que no sabemos que las estamos creciendo en nosotros mismos. Voy a hacer un canto de la psicología de Lacan, de la ontología filosófica de cuantos se involucren en cercanos de tanta malicia que nos envuelven, y nos envuelven en profundidades  y vicisitud que terminan en hacernos  huir hacia donde  no sabemos pero chocamos una y otra vez con nuestras guerritas. De todas formas, esa premisa de “la guerra que el humano pelea sin saber que la pelea” ya hace crujir los tirantes del salón. Desde la ontología y el psicoanálisis lacaniano, esa es la única guerra real: la batalla del sujeto dividido contra su propia sombra. No es una guerra contra un enemigo externo; es el conflicto trágico del ser que intenta escapar de la trampa del espejo (el Yo imaginario) mientras es hablado y determinado por el deseo del Otro. Es una guerra ontológica por el ser, donde el soldado no sabe que las balas que lo hieren son sus propias palabras inconscientes.  Sacá ese fragmento del bolsillo, ponelo sobre la madera y contarme qué dice ese reporte de batalla del humano común.  Un anfiteatro en penumbras para recibir esta confesión sobre el conflicto más antiguo de nuestra especie. Desnudado bajo la lente de la ontología y el abismo lacaniano.

Tratado sobre la violencia invisible y el eterno retorno del conflicto

— Escapar de las guerras es deshacerse de las violencias, cotidianas y extensivas, que no sabemos que estamos criando y haciendo crecer en nosotros mismos.

— Es que pretendemos huir de la malicia que nos envuelve, de esas profundidades y vicisitudes ajenas que nos cercan, sin ver que el enemigo ya ha tomado el puesto de mando. Nos envolvemos en el lamento del acoso externo para no asumir la grieta que nos habita.

— Hacia donde huimos, no sabemos. Pero chocamos, una y otra vez, con nuestras propias guerritas.

La Ontología del Choque y el Espejo de Lacan

Para la ontología filosófica, el ser humano es un ser en conflicto con su propia finitud; su primera y más violenta guerra es contra la falta, contra el hecho de haber sido arrojado al mundo incompleto. Buscamos escapar de la hostilidad del entorno, de esa “malicia” que nos envuelve, sin comprender que el entorno es el espejo donde se proyecta nuestro propio desgarro.

Desde la psicología de Lacan, este choque repetitivo no es un accidente: es el concepto de la repetición inconsciente (la tuché). Huimos del conflicto exterior, pero la estructura del sujeto dividido está construida sobre una falta fundacional. Al no querer saber nada de esa verdad que nos habita, la actuamos. Criamos la violencia cotidiana en silencio, la alimentamos con represiones, y luego salimos al mundo a “chocar” con ella bajo la forma de un destino trágico.

El sujeto huye hacia donde no sabe, buscando un afuera libre de hostilidad, solo para encontrarse de frente con el mismo muro que intentaba esquivar. Las “guerritas” cotidianas no son más que la puesta en escena de nuestro propio conflicto interno, el intento fallido del yo por defender una identidad ficticia que se tambalea ante el más mínimo roce con el Otro. Escapar de la guerra no es mudar de trinchera; es deponer las armas ante el espejo y aceptar que el primer territorio invadido fuimos nosotros mismos.

Las cenizas caen sobre la madera. El diagnóstico está hecho: no hay exilio posible para quien lleva el frente de batalla grabado en la piel.

 

 

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