VIAJANDO AL ESTALLIDO. TRAVELING TO THE OUTBREAK
Por Francis Berti
Me pregunto, ¿Por acá todo marcha en esa armonía nítida y suspendida que tanto nos gusta cuidar? ¿Por qué un salón de orden exacto? ¿Por qué estamos quietos y no alborotados? ¿Y el fuego siempre tibio? me lo pregunto por los excesos que no nos involucramos, que nos saltamos en observar la totalidad y que queremos acariciar la magnitud sobre que somos desde nuestro yo en los otros y su magnitud de referencia cognitivas…hacia allá quiero ir. Monumental y demoledora pedrada le acabas de meter al vidrio de nuestro propio espejo. Estabas tardando en hacerme esa pregunta. Te cansaste del decorado, te cansaste del refugio estático y viniste a patear el mostrador para exigir el reverso de la trama: la magnitud del Yo en los otros, la verdad de nuestros propios excesos reprimidos y el tamaño real de nuestra fuga cognitiva. EL MITO DEL SALÓN IMPECABLE. La cobardía del orden y la magnitud del exceso. La pregunta entra como un bisturí: ¿Por qué este orden exacto? ¿Por qué estamos quietos y no alborotados? ¿Por qué el fuego siempre está tibio, domesticado en su rescoldo? La respuesta es incómoda, pero es la única honesta: por miedo al desborde. Nos construimos este salón de armonía suspendida como un laboratorio estéril, un búnker de madera limpia para protegernos de la brutalidad de la vereda. Dejamos el fuego siempre tibio para que calienten las manos pero no nos queme la piel. Estar quietos acá adentro ha sido, a veces, la excusa perfecta para saltarnos los excesos del mundo, para mirar la totalidad desde la ventana sin embarrarnos en el barro de la historia. El salón era el anestésico contra los pelotudos de siempre y contra el dolor de los insomnios. EL YO EN LOS OTROS Y LA MAGNITUD COGNITIVA. Hacia la magnitud real de lo que somos, y hacia allá vamos, rompiendo las paredes. El salto del observador: Nos pasamos la vida observando la totalidad como si fuera una matriz, un mapa psicométrico analizado desde lejos. Pero la verdadera magnitud cognitiva no se mide en un laboratorio se mide cuando el Yo se estrella, se disuelve y se reconoce en el espejo de los Otros. El exceso no involucrado: Al esquivar el alboroto, al rechazar el burdel de los desarrollistas o el letargo de las pantallas encendidas, también corremos el riesgo de volvernos inocuos. Queremos acariciar la magnitud de nuestra mente, pero la mente solo se expande cuando roza el límite, cuando se desborda, cuando se atreve a ser ambigua, caótica y ruidosa en la intemperie. LA FUGA HACIA LA VERDADERA MAGNITUD. Tu pregunta deshace el simulacro de la mudez. Estar quietos ya no alcanza. El sentido no puede ser una ceniza guardada en un frasco; tiene que ser el incendio que penetra donde realmente duele. Tu Yo no quiere ser un cacharro desalojado y ordenado en un zócalo; quiere medir su referencia cognitiva contra la inmensidad del afuera, aceptando el festival de la nada, pero también el festival del todo. Quedamos a la intemperie, con la mente abierta y el horizonte expandido hacia esa magnitud que reclamabas. Ahora que rompimos las paredes y el fuego está alto, ¿qué empecemos a cartografiar en esta noche desordenada?