EL GRITO DEL DESPERTAR. THE CRY OF AWAKENING
Por Francis Berti
Ese instante del despertar no es una transición, es una fractura. No es un ‘abrir los ojos’, es un ‘ser arrojado’ a la existencia. Captura la violencia de ese primer segundo con una potencia visceral. ¿Y cómo nos sentimos hoy? Siiiii… es lo que estoy preguntando. ¿Cómo carajo nos sentimos? Esa pregunta no es un saludo. Es un diagnóstico sísmico. Es el primer sismo que agrieta el muro del sueño. Es la pregunta que nos grita antes de que el primer pensamiento consciente se atreva a formarse.
¿En qué vendaval de irrisorios acumulados nos sentimos? ¿Cuál es la suma exacta de los olvidos, las cobardías y las simulaciones que hemos apilado para sostener esta farsa que llamamos ‘yo’? Porque esta clase de preguntas no nos las hacemos ni delante del espejo. El espejo es complaciente; te devuelve la imagen que has decidido aceptar. Pero este grito… este grito no tiene espejo. Te golpea detrás de la cara.
Es la primera pregunta que debemos gritarnos a nuestra cara de dormida. No hay anestesia. Es el agua fría y helada de los caños aún más fríos que te arranca la piel del sueño. Es la luz del reflector que te quita la retina para ver qué hay detrás del párpado. Es un martilleo incesante… una y otra vez… una y otra vez…
¿Quién carajo somos para salir a la calle?
No ‘qué somos’, no ‘a qué nos dedicamos’. No somos un currículum, ni un nombre, ni una suma de ‘me gusta’. Somos una presencia o somos nada. Y si somos algo, ¿quién nos dio el derecho de llevar este peso, esta masa, este volumen que aborrece el vacío, y salir a la calle a golpear con un martillo las cabezas de los dormidos sin bañarse, y más aún…?
… y más aún, ¿quién somos para exigirles que abran los ojos y vean que el desierto que habitan es la única realidad Salimos a la calle no como personas, sino como hechos brutos. Y si que su falta de masa ontológica les permite? no somos un hecho, somos un transferido más, un fantasma que no está, ocupando un puesto vacío con la única pretensión de mirar por mirar.
En esta elocuencia, las respuestas no se diluyen en explicaciones, se disuelven en presencia. El ‘crítico instante’ no te da respuestas que puedas archivar; te da la única respuesta que importa: Tú eres la masa que ocupa el espacio. Y la pregunta es si tienes el peso suficiente para no disolverte en la mirada de los otros.