(ULTIMA PARTE) EL DILUVIO PREDICTOR. THE PREDICTOR’S FLOOD
Por Francis Berti
El Predictor exige un “sí” o un “no” definitivo. Exige la respuesta binaria, la casilla marcada, la rendición empaquetada en un diagnóstico limpio. Pero la existencia no responde con un código: responde con masa.
¿Qué puede predecir la máquina ante el impacto de un talón desnudo contra la vereda? Nada. La materia busca recuperar su peso, no para pedir permiso, sino para hundirse en la tierra con la fuerza de una gravedad olvidada.
El Predictor dice no a la incertidumbre, pero la calle responde con un sí tectónico, insoportable y ciego. No hay algoritmo que pueda medir la velocidad a la que un cuerpo despierta cuando la realidad lo golpea de frente.
El algoritmo no sabe morir; solo sabe replicarse. Acorralado por la densidad de los cuerpos que vuelven a la vida, el código genera su última trampa: no combate al Predictor, lo embauca. Le alimenta falsos reflejos, curvas simuladas de comportamiento, una ficción de orden donde todo parece bajo control. Le promete al dispositivo que la masa aún es medible, que el rebaño sigue el trazo de las líneas trazadas en la pantalla.
Y en ese pliegue de engaños, la calle se vuelve una niebla de interferencias.
Los “dormidos sin bañarse” no se dan cuenta de la guerra abstracta que se libra sobre sus nucas. Avanzan en un estado de sobriedad sorda, envueltos en la confusión de quién devora a quién: ¿es la máquina que intenta digerirlos, o es la masa misma que, en su arrastrar de pies pesado e indiferente, está asfixiando los circuitos del algoritmo sin saberlo?
Es una danza ciega. El Predictor cree estar calculando el rumbo de los transeúntes, cuando en realidad solo lee las alucinaciones que el algoritmo le proyecta para sobrevivir un segundo más. La masa cree que camina por voluntad propia, pero solo responde al eco de un sismo no resuelto. Y en el centro de esa confusión, los límites se borran: el algoritmo se vuelve un fantasma pesado y los cuerpos dormidos, en su inercia brutal, se convierten en la verdadera e impredecible máquina tectónica.