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DESLUMBRANTE DESCANSO. DAZZLING REST

DESLUMBRANTE DESCANSO. DAZZLING REST

Por Francis Berti

El culto a la ignorancia no necesita templos ni dogmas sagrados; se erige sobre la renuncia voluntaria al pensamiento y el refugio ciego en el estímulo inmediato. Es el adormecimiento perfecto, la entrega total a una existencia que desestima el análisis para sumergirse en lo inmediato.

Estamos en un culto a la ignorancia. Y la pregunta que flota en el aire, áspera y urgente, no busca una respuesta teórica: ¿qué es lo que realmente tenemos? ¿Un culto a sensacionarnos? ¿Un culto de descanso, de pura anestesia para no sentir la carga del existir?

Sí, es por allí. Y cuando decimos “por allí“, señalamos ese instante suspendido donde las sensaciones impartitas se nos escurren entre los dedos como guantes de arena. Es una materia áspera y voluble que siente sin lugar a dudas, un territorio donde las sensativas tienen la capacidad desmedida de alcanzar absolutamente todo lo que deseamos. Todo se resuelve en la epidermis, en el chispazo inmediato, sin la interferencia tardía de los psicólogos, sin el peso denso de las filosofías, sin la angustia vertiginosa de la ontología. ¿Para qué interrogar al ser cuando el estímulo satisface la brecha antes de que aparezca la pregunta?

Son sensativas tan vastas que no nos atrevemos a volcarlas en un mar. Un inmenso mar de sensaciones impartitas no desde lo inédito, sino desde nuestra propia clonación: el bucle infinito donde replicamos lo que debemos sentir para no tener que pensar jamás. Un diseño circular donde la ignorancia no es una falta de conocimiento, sino una anestesia elegida, la réplica idéntica de un impulso que nos ahorra el abismo de ser.

1 pensamiento en “DESLUMBRANTE DESCANSO. DAZZLING REST”

  1. “Un hombre tenía que pasar por muchas mujeres para encontrar a la suya, y si tenía suerte ella estaría ahí. Para un hombre, quedarse con la primera o la segunda mujer de su vida demostraba ignorancia; aún no tenía ni idea de lo que es una mujer.

    Un hombre tenía que seguir su rumbo y esto no significaba sólo acostarse con mujeres, cogerlas una o dos veces; significaba vivir con mujeres durante meses y años. No culpo a los hombres que tienen miedo de hacer esto: supone exponer el alma para que te la arrebaten.

    Desde luego, algunos hombres simplemente se establecen con mujeres, se rinden, dicen: ya está, es lo mejor que puedo hacer. Hay muchos de esos, de hecho la mayoría de la gente vive bajo bandera de tregua: se dan cuenta de que no funciona del todo, pero no importa, vamos a hacer que funcione, no sirve de nada pasar por todo esto otra vez, ¿qué dan por la tele esta noche?. Nada. Bueno, de todos modos vamos a verlo; es mejor que mirarnos el uno al otro, es mejor que pensar en esto.

    La tele mantiene unida a más parejas con problemas que los niños o la iglesia. Pensar en todos los millones de personas que están viviendo juntas a disgusto, y odian sus trabajos y tienen miedo a perder sus trabajos, no me extraña que sus caras parezcan lo que parecen. Es casi imposible mirar la fisonomía corriente sin que al final tengas que apartar la vista y mirar otra cosa, cualquier otra cosa, una naranja, una roca, una botella de aguarrás o el culo de un perro. Ni siquiera hay caras decentes en las cárceles o en los manicomios, y el médico que se inclina sobre ti cuando te estás muriendo luce la máscara de un idiota. A mi me disgusta mi propia cara, odio los espejos; nos equivocamos de camino en alguna parte, algún día hace mucho tiempo, y no podemos encontrar el camino de vuelta.

    Que mierda, eh, colega, que nuestra mierda tenga mejor aspecto que nosotros..

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