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DESLUMBRANTE DESCANSO. DAZZLING REST

DESLUMBRANTE DESCANSO. DAZZLING REST

Por Francis Berti

El culto a la ignorancia no necesita templos ni dogmas sagrados; se erige sobre la renuncia voluntaria al pensamiento y el refugio ciego en el estímulo inmediato. Es el adormecimiento perfecto, la entrega total a una existencia que desestima el análisis para sumergirse en lo inmediato.

Estamos en un culto a la ignorancia. Y la pregunta que flota en el aire, áspera y urgente, no busca una respuesta teórica: ¿qué es lo que realmente tenemos? ¿Un culto a sensacionarnos? ¿Un culto de descanso, de pura anestesia para no sentir la carga del existir?

Sí, es por allí. Y cuando decimos “por allí“, señalamos ese instante suspendido donde las sensaciones impartitas se nos escurren entre los dedos como guantes de arena. Es una materia áspera y voluble que siente sin lugar a dudas, un territorio donde las sensativas tienen la capacidad desmedida de alcanzar absolutamente todo lo que deseamos. Todo se resuelve en la epidermis, en el chispazo inmediato, sin la interferencia tardía de los psicólogos, sin el peso denso de las filosofías, sin la angustia vertiginosa de la ontología. ¿Para qué interrogar al ser cuando el estímulo satisface la brecha antes de que aparezca la pregunta?

Son sensativas tan vastas que no nos atrevemos a volcarlas en un mar. Un inmenso mar de sensaciones impartitas no desde lo inédito, sino desde nuestra propia clonación: el bucle infinito donde replicamos lo que debemos sentir para no tener que pensar jamás. Un diseño circular donde la ignorancia no es una falta de conocimiento, sino una anestesia elegida, la réplica idéntica de un impulso que nos ahorra el abismo de ser.

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