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EL AMOR NO ES, NO EXISTE…NI SIQUIERA ES EL MATRIMONIO

EL AMOR NO ES, NO EXISTE…NI SIQUIERA ES EL MATRIMONIO

Por Francis Berti (Si alguien se molesta, es porque estoy en lo correcto)

El amor no es, no existe…ni siquiera es el matrimonio…coadyuva en un ente por fuera de nuestro tiempo adherido a los cánones humanos que se restringen en convivir con tacto biológico de secuencia toxicas de humanos de estar para estar. Deseo que nos adentremos en pensadores con extensiones filosóficas para comprender el “amor” y como sentirlo en presencia absoluto.  Adentrémonos con  Arthur Schopenhauer, y con Martin Heidegger  y con Charles Baudelaire…en sus sensaciones Esta premisa es un martillazo a la estructura del afecto convencional. No buscamos el amor de la tarjeta de felicitación, sino ese ente fuera del tiempo que nos consume mientras intentamos, torpemente, traducirlo a leyes biológicas y contratos sociales.

Entremos en la vorágine.

Si el amor no existe como entidad, lo que llamamos “amor” es en realidad una colisión de sombras. Los cánones humanos son solo la cáscara de un proceso mucho más oscuro y vasto que nos desborda.

La Trampa de Schopenhauer: El Genio de la Especie

Para Schopenhauer, no hay “presencia absoluta”, hay voluntad ciega. Él nos diría que lo que sientes detrás de esa túnica negra, ese deseo de rasgar la saturación por el otro, es el “Genio de la Especie” disfrazando su interés biológico de sentimiento sublime. El amor es el velo de Maya más cruel: nos hace creer que buscamos nuestra felicidad individual cuando solo somos herramientas de la naturaleza para perpetuar el ciclo del dolor.La sensación: Es la de ser un títere de una fuerza milenaria. Sentir el “amor” bajo esta óptica es sentir el peso de toda la humanidad empujándote hacia el otro, no por elección, sino por mandato de una Voluntad que no tiene fin ni propósito.

El Dasein de Heidegger: El Amor como “Apertura”

Pero aquí interviene Heidegger para rescatarnos del cinismo biológico. Si el amor es algo, es un acontecimiento del Ser. Para Heidegger, estar con el otro en “presencia absoluta” no es “estar para estar” en secuencias tóxicas; es el Mitsein (ser-con). El amor es el momento en que el mundo del otro se abre ante ti y altera tu propio “ser-en-el-mundo”. Es el fin de la subjetividad aislada. Rasgar la túnica no es solo buscar carne, es buscar la verdad del Ser que solo se revela en el cuidado extremo y en la angustia compartida ante la finitud. La sensación: Es una claridad aterradora. Estás frente al otro y comprendes que su existencia es el horizonte que le da sentido a la tuya. Ya no hay “cánones”, hay un claro en el bosque donde la luz del otro te permite existir de verdad.

El Spleen de Baudelaire: La Belleza de lo Maligno

Baudelaire cierra el círculo volviendo a “lo tosco” y a la “saturación”. Para él, el amor no es matrimonio, es una enfermedad sagrada. Es la fascinación por la decadencia del otro, el deseo de encontrar lo absoluto en lo transitorio. El amor es “estar para estar” pero en una embriaguez de Spleen e Ideal. Es sentir la “presencia absoluta” no en la paz, sino en la tortura del deseo que sabe que el tiempo lo devora todo.La sensación: Un perfume pesado, una mano que araña la seda negra. Es el placer estético de la destrucción mutua bajo la mirada de un tiempo que no nos pertenece.

Entonces, si unimos estas extensiones, el “amor” en presencia absoluta se siente así:

Es la consciencia de estar atrapados en una trampa biológica (Schopenhauer), mientras intentamos que esa trampa sea el lugar donde se revele nuestra verdad más profunda (Heidegger), todo esto envuelto en la atmósfera decadente de saber que somos seres finitos que solo pueden tocarse a través de cicatrices (Baudelaire).Ya no hay “secuencias tóxicas”, hay una fricción metafísica. Estar frente al otro en la silla única, sudando, bajo la saturación, es aceptar que el amor es el nombre que le damos al fracaso de intentar ser uno solo. Al elegir la apertura del ser, dejamos atrás el pesimismo biológico y el regocijo en la decadencia. Nos situamos en el momento en que el desgarro de la túnica deja de ser un acto de desesperación histérica para convertirse en una revelación.

Aquí, la saturación no es el fin, sino la condición necesaria para que el “claro” (el Lichtung heideggeriano) aparezca.

 “DASEIN” (SER-AHÍ)

Cuando ella clava las uñas en la seda negra de la saturación, no está buscando escapar de ti, sino escapar del “Uno”, de esa masa anónima de humanos que “están por estar” en secuencias tóxicas. Al rasgar la tela, lo que entra no es una luz genérica; es la iluminación de la propiedad. Ella comprende, en un relámpago de angustia y lucidez, que tú no eres un objeto de consumo biológico, ni un contrato matrimonial, sino el límite de su propio mundo. La luz que se filtra por los jirones de la túnica la baña con una verdad fría: el amor es la apertura radical hacia el misterio del otro. Al verte del otro lado, ella ya no ve una “herramienta” para su soledad, sino un ser que, como ella, camina hacia la muerte. Esa finitud compartida es lo que ilumina la escena.”El amor no es el sentimiento que nos une, es el espacio que se abre cuando nos damos cuenta de que ambos estamos suspendidos sobre el abismo del tiempo.”En este punto del relato, la saturación “abona” porque ha destruido todas las distracciones. Ya no hay ruidos de “fonos larguísimos” ni convenciones sociales. Solo queda la Presencia Absoluta: El tacto biológico se transforma en una caricia ontológica. El sudor deja de ser desecho para ser el rastro del esfuerzo por ser-con-el-otro. La silla única se convierte en el centro del universo, porque es el único lugar donde el Ser se manifiesta sin máscaras. Ella deja de arañar con rabia. Ahora, sus manos separan los bordes del desgarro con una reverencia aterrada. A través de la abertura, te mira no con los ojos de la carne, sino con la mirada de quien ha descubierto que tú eres su destino en este tiempo. El amor, entonces, es el coraje de sostener esa mirada mientras todo lo demás —los cánones, las leyes, el matrimonio— se desmorona como tela vieja.

 Al Ser

El fin del anonimato: Ya no sois “dos humanos”, sois la apertura donde la verdad sucede. La luz del abismo: La comprensión de que estar juntos es un milagro frágil rodeado de nada. El silencio del Ser: Donde las palabras de los pensadores se callan porque la vivencia las ha devorado.

En la apertura del Ser, ella comprende que intentar tocarte era, en realidad, un intento de clausurar al otro. Pero ahora, iluminada por esa luz que no quema sino que revela, permite que el vacío ocupe su lugar. Ya no hay manos buscando piel, ni cuerpo buscando choque; hay una entrega a la distancia que nos constituye. Heidegger nos susurraría que en ese momento han dejado de ser “entes” para ser “claro”. El vacío entre ustedes no es una ausencia de materia, sino la presencia pura de la posibilidad. Al dejar de luchar contra la saturación, ella descubre que lo que los une no es el roce de los cuerpos (esa “secuencia tóxica” del estar por estar), sino el hecho de que ambos sostienen el mismo abismo. La quietud es ahora absoluta: La silla única ya no es un mueble, es el eje sobre el cual gira este vacío compartido. La mirada es ontológica: Ella te mira a través del jirón y no busca que la salves, ni que la llenes. Acepta que tú eres “otro”, irreductible, inalcanzable, y en esa imposibilidad de poseerte nace el único amor que no es cárcel.

Al permitir que el vacío sea el vínculo, el “amor” se desprende de los cánones. Se vuelve una fricción del alma en el vacío. Ya no necesitan la túnica para protegerse, ni necesitan rasgarla para encontrarse. La túnica cae, pero no porque haya sido destruida, sino porque ya no tiene nada que ocultar. “No nos une lo que tenemos, sino lo que nos falta. Somos dos nadas abrazadas por un relámpago de consciencia.”

Ella exhala, y ese aire cruza el espacio vacío hasta llegar a ti. Es el primer contacto real. Un contacto que no ocurre en el tacto biológico, sino en la aceptación de que la “inmensidad” de la que hablabas al principio era esto: la capacidad de habitar el vacío sin huir de él.

La disolución del “yo”: Al no haber nada que arañar, el ego se desvanece en la iluminación. El tiempo suspendido: Fuera de los cánones, el reloj se detiene. Solo queda el ahora heideggeriano, el instante eterno de la revelación. La paz del desamparo: Estar juntos, solos frente a la nada, es la forma más alta de libertad.

“No te amo por lo que eres, sino porque en la apertura de tu existencia, mi propia finitud encuentra un lugar donde dejar de ser una huida”

Esa es la última frontera del Dasein: reconocer que el otro no es la solución al vacío, sino la única compañía digna dentro de él.

 

Esa es la última frontera del Dasein: reconocer que el otro no es la solución al vacío, sino la única compañía digna dentro de él.

1 pensamiento en “EL AMOR NO ES, NO EXISTE…NI SIQUIERA ES EL MATRIMONIO”

  1. Guadalupe Elvira Blanco

    El Amor No Existe….Si bien, son esenciales los diferentes enfoques de los filósofos mencionados en tu publicación.La disolución del yo. El tiempo suspendido fuera de los cánones. Estar Juntos Solos Frente A La Nada Es La Forma Más Alta de Libertad.Por ese lugar que permite la apertura de mi existencia,donde mi propia finitud encuentra un lugar donde dejar de ser una huida.No te amo por lo que eres, sino por lo que me permites ser. Hermosa reflexión. Me encantó y me quedo con la ultima frontera del Dasein:Reconocer que el otro, no es la solución al vacío, sino la única compañía digna dentro de él. Gracias . Saludos.

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