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FUTUROS SUAVES ENCONTRADOS EN UN PAISAJE DEL PASADO (POEMA)

FUTUROS SUAVES ENCONTRADOS EN UN PAISAJE DEL PASADO (POEMA)

por Francis Berti

“Futuros suaves encontrados en un pasaje del pasado se mecen por sus cuerpos iluminados, donde las palabras se mojan, se mojan de espesos pegoteados humores simples de haberse estado tantos tiempo sin haberse estado en un final de estar juntos ojos en ojos del mismo perfume aun mas futuro que un atraso en el mismo brillo que nos acerco por estar solos todos en la soledad futura de los hoy en el pasado de ayer…”

En el entramado de neones y siluetas holográficas que era la Neo-Ciudadela, donde el aire vibraba con datos invisibles y el tiempo se medía en nanosegundos de información, Ella flotaba sin rozar el pavimento. No era levitación, sino una economía de movimiento tan precisa que sus pasos parecían una sugerencia al espacio, no una imposición. Sus ojos, profundos como pantallas de cuarzo negro, procesaban la avalancha de estímulos con una calma que desmentía la vorágine. Llevaba una armadura ligera de grafeno que se adaptaba a cada curva, cada músculo, una segunda piel que pulsaba con energía contenida. Su mente, una red neuronal cuántica, estaba calibrada para la eficiencia, para la lógica, para la verdad matemática de los algoritmos. El amor, para ella, era un concepto arcaico, una anomalía bio-química, un glitch en el sistema operativo de la vida.

Hasta que Él apareció.

No flotaba; caminaba. No vestía grafeno, sino un abrigo de lino oscuro que parecía haber sobrevivido a una tormenta de partículas, deshilachado en los bordes, pero con una elegancia que desafiaba la perfección cromada de la metrópolis. Sus ojos no eran pantallas, sino charcos de incertidumbre, de recuerdos no procesados, de una melancolía que la inteligencia artificial más avanzada no podría simular. Su mente era un laberinto de intuiciones, de pensamientos que se negaban a seguir patrones, de una poesía que se escribía a sí misma en el borde de cada precipicio existencial. El amor, para él, era la única verdad, la única constante en un universo de variables.

Se cruzaron en el centro del nexus principal, un vórtice de luz que proyectaba simulacros de vida en 3D. El algoritmo de probabilidad de encuentros, que regía cada interacción en la Neo-Ciudadela, no había previsto esta anomalía. No había una razón lógica para que sus rutas se intersectaran con tal precisión.

Fue un impacto sin contacto, una colisión de universos invisibles. Ella, acostumbrada a anticipar cada micro-movimiento, se detuvo. Un milisegundo de pausa, suficiente para que sus procesadores intentaran catalogar la extraña resonancia que sentía. Él, acostumbrado a dejarse llevar por la corriente de su propio caos, levantó la mirada. Sus ojos se encontraron.

En ese instante, la Neo-Ciudadela se desvaneció. Los neones se apagaron, los datos dejaron de fluir, el tiempo se detuvo. No había grafeno, ni lino, ni algoritmos, ni poesía. Solo la electricidad bruta de dos singularidades que se reconocían, no por lo que veían, sino por la ausencia de lo que no necesitaban ver. Era una comunicación que trascendía el lenguaje, un entendimiento que ignoraba la lógica.

Ella sintió un archivo corrupto en su sistema, una emoción que no podía ser formateada. Él sintió un ancla en su deriva, una constante que no podía ser negada. Era un amor que no nacía de la atracción física o la afinidad mental, sino de una convergencia de imperfecciones y perfecciones que creaban una totalidad nueva, incomprensible, gloriosa.

No se tomaron de las manos. En la Neo-Ciudadela, el contacto físico era un intercambio de datos táctiles, una transacción de calor y presión. Pero ellos buscaron algo más profundo: una interfaz de almas. El amor convencional siempre había sido una búsqueda de “completar” al otro; el de ellos era la creación de una tercera entidad, una conciencia compartida que flotaba sobre sus cabezas como un halo de datos dorados y melancolía pura.

Ella, la mujer de grafeno, desactivó sus protocolos de defensa. Por primera vez, permitió que su red neuronal no buscara una respuesta lógica, sino que aceptara el vacío fértil que él le ofrecía. Él, el hombre del abrigo de lino, no intentó “poseerla” con palabras o promesas futuras. En su lugar, le entregó su “hoy perpetuo”, ese deslizamiento sobre el hielo que ya conocía, invitándola a habitar un presente que no necesitaba ser archivado.

—No te amo porque me haces falta —le dijo él, sin mover los labios, transmitiendo la idea a través de esa frecuencia absoluta que compartían—. Te amo porque eres la única que comprende el silencio ruidoso de mi jungla interna.

Ella procesó la frase. No encontró ninguna definición de “amor” en sus archivos que se ajustara a eso. Y ahí, en el fallo del sistema, encontró la libertad. Se dio cuenta de que lo que sentía no era un sentimiento, sino una dimensión nueva. No estaban “enamorados” el uno del otro; estaban habitando, juntos, un plano de existencia superior donde el tiempo se doblaba y los colores de Warhol se mezclaban con el frío del espacio exterior.

Eran dos extraños que habían encontrado la clave para dejar de serlo sin perder su esencia única. Él no la volvió a ella “humana”, ni ella lo volvió a él “máquina”. Se convirtieron en la síntesis: un amor que desafiaba la gravedad de las expectativas sociales y la rigidez de los algoritmos. Un amor que era, en sí mismo, una obra de arte desechable y eterna, un chisporroteo que iluminaba el pasillo entre mundos.

En ese momento, comprendieron que su encuentro no era el final de una búsqueda, sino el inicio de una anomalía sagrada. No iban a ningún lado, no venían de ninguna parte. Simplemente estaban allí, entreteniéndose en el hoy del otro, mientras la Neo-Ciudadela intentaba, en vano, calcular el precio de un vínculo que no tenía signos de puntuación.

 

 

 

3 pensamientos en “FUTUROS SUAVES ENCONTRADOS EN UN PAISAJE DEL PASADO (POEMA)”

  1. Arte efímero, es el
    verdadero hoy al que algunos pocos se atreven, el que se solo dura lo que tarda en deshacerse y se goza en ese presente… una sucesión de esos presentes es una obra maestra para ser vivida . Si alguien logra esa belleza perpetua del hoy sin duda está salvado.

    Algo así como un amor que era, en sí mismo, una obra de arte desechable y eterna, un chisporroteo que iluminaba el pasillo entre mundos. No iban a ningún lado, no venían de ninguna parte. Simplemente estaban allí, entreteniéndose en el hoy del otro

    Y no tiene punto final porque así se vive en la anomalía sagrada creando nuevos sistemas mientras se va yendo

  2. Guadalupe Elvira Blancop

    Cuanta verdad se refleja en este poema.El núcleo siempre será el amor, el trascender de este noble sentimiento, queda en las líneas del tiempo, deja de ser un concepto arcaico, una anomalía bio-quimica,rescatado del borde de cada precipio existencial,que te da la oportunidad de vivir nuevas experiencias, nuevos comienzos.Gracias FRANCiS.

  3. Un’opera che è un inno alla libertà di pensiero e di immaginazione, contro ogni forma di omologazione e di aridità spirituale che minaccia l’essere umano. La ricerca di il piccolo principe pdf dimostra l’interesse costante per questo testo fondamentale. La storia ci insegna che bisogna cercare con il cuore, perché gli occhi sono ciechi, un invito a sviluppare l’intuizione e l’empatia per comprendere davvero chi ci sta di fronte e per connetterci con lui a un livello più profondo e autentico.

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