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HONESTIDAD AFECTIVA

En las burbujas de las interacciones humanas, una y otra vez rozamos los extremos de nuestras convicciones. Pero establezcamos un parámetro de disociación, en nuestras costumbres nos manejamos con valores como; decencia, honestidad, principios éticos, respeto y condescendencia, siempre unidireccionalmente; o sea hacia los otros. Ahora, ¿Cómo nos comportamos hacia nosotros mismos? Esta pregunta me la cuestión en base a estos valores que determinamos, ya que sus antónimos, son mucho más correlativos con la realidad. Pero volvamos a los de base, los nuestros, y en especial al accionar dentro nuestro de esos valores, ¿pueden estos ser en nuestro interior inversamente proporcional? ¿Y permanecer en nuestro inconsciente sin si quiera colisionar con los otros? ¿Y si así lo fuera? ¿Qué conflictivo podrían desencadenarse en nuestras relaciones?

Presentado el escenario, con mas dudas que certezas, es momento de escarbar en los actores y en su libreto diario, escenas hiperrapidas y ralentizarlas al máximo para obtener la imagen casi congelada de cada uno de los gestos y palabras que quedan colgadas en el aire como indicadores de cada una de su dirección hacia un lada o y hacia el otro. Demostrando muchas veces la dificultad inconsciente de mantenerse entre la deshonestidad y la honestidad afectiva. Porque hacia alli nos encaminamos, alli es el quiebre en los conflictos que muchas veces surgen sin parámetros aparentes de que fueran a suceder. Sin embargo suceden y destrozan las estructuras más solidas o mas afectivas que a simple vista parecen que florecen.

La última alternativa es convertirse en el propio detective de nuestro fracaso, o del posible fracaso que descubierto al deshonesto afectivo que llevamos dentro, muchas veces no nos animamos a detenerlos, esposarlos y llevarlo a la justicia de nuestra propia razón. Y si, es familia, este descarado es parte de nuestra propia sangre. Pero no tenemos alternativa, sabemos que si lo liberamos, su naturaleza lo determinara en el mismo sendero delictivo del afecto como blanco de su incapacidad. Quizás en un correccional de abrazos se recupere y sane.

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