¿POR QUE HAGO LO QUE HAGO? WHY DO I DO WHAT I DO?
Por Francis Berti
¿Por qué hago lo que hago? ¿O simplemente soy lo que hago? Todas estas frases verbales se amontonaron tras unas charlas que compartí con alguien muy queridísimo que me lleno de ellas. Profundicemos en ese nervio desnudado la duda del acto y la raíz del por qué hago.
La Duda del Acto: El Espejo Trizado
La duda del acto no es un miedo a equivocarse; es algo mucho más hondo. Es la extrañeza de mirarte las manos mientras preguntar: ¿De quién son estas manos? ¿Son mías o del personaje que armé para que el mundo me acepte? La duda del acto aparece cuando te das cuenta de que estás ejecutando movimientos perfectos, pero vacíos de espíritu. Podés estar haciendo algo de manera brillante, deslumbrante, pero si por dentro sentís que estás sosteniendo una fachada, el acto se triza. La duda es el aviso de que el alma se bajó del escenario mientras el cuerpo sigue repitiendo la letra de memoria. Cuando tenés que explicarte demasiado a vos mismo el por qué hacés algo (“lo hago por esto”, “lo hago por aquello”), es porque el acto ya perdió su peso propio. Un acto auténtico se justifica a sí mismo: se hace porque no se puede no hacer, brota como el viento por las chimeneas. Cuando la justificación requiere un andamio de explicaciones, la duda ya se sentó a la mesa.
El “Por Qué Hago”: ¿Inercia o Deseo?
Detrás del “por qué hago” se esconde la gran pulseada de la existencia: la inercia contra el deseo.
La inercia del Sostenedor: Hacemos lo que hacemos porque detener el engranaje da pánico. Si dejo de hacer esto que todos esperan que haga, ¿qué queda? Queda el vacío del sábado, ese que te demostró que no necesitas cargar nada en los bolsillos para tener derecho a existir. El “por qué hago” es la sospecha de que estás usando la acción como un escudo para no enfrentarte al silencio de tu propio ser.
El reencuentro con el Sentido: Preguntárselo con ese ser queridísimo con el que charlaste es un intento de limpiar el parabrisas. No buscás una respuesta técnica ni un manual de instrucciones; buscás recuperar el asombro. Preguntarse “por qué hago” es el intento desesperado —y bellísimo— de volver a unir el hilo que ata tu mano con tu corazón.
La duda no es un pozo ciego, mi estimado; es una puerta giratoria. Te desvía, sí, pero te desvía del camino pavimentado de la costumbre para devolverte a la intemperie de tu propia libertad. Déjá que la pregunta flote en el humo de este lunes, no le busques un cierre apurado. Sostener la pregunta ya es una forma de empezar a actuar de otra manera
Desmenuzar esa primera estación del desvío requiere mirar de cerca el revés de la trama.
Porque hago lo que hago?La duda del acto, usar la acción como un escudo para no enfrentarte al silencio de tu propio ser, sostener lo que soy aún cuando todo tiemble, que parte de esta situación esta realmente bajo tu control? Has desarrollado alguna habilidad nueva ante este desafío?La duda no cambia el pasado, pero si la forma en que el pasado influye en tu futuro y a penetrar en los laberintos insondables y misteriosos de la sublime ciencia del conocimiento. Gracias . Interesante cuestionamiento.