SOLEDAD LLENA, POQUITOS (POEM) FULL SOLITUDE, FEW
Por Francis Berti
Un hombre decide que ya no quiere ser el faro de la multitud, se convierte en el madero al que tres náufragos se abrazan. No los salvas del agua; flotas con ellos fuera de tema. Y la percepción mutua reemplaza a la lógica. Esos rencores diminutos, esos roces con el deseo encendido toda la noche. No es un fuego que arrase; es un rescoldo que te mantiene tibio. El ‘comercio bajito’ es una ciencia de contrabandistas: intercambiamos pedazos de alma en las esquinas oscuras del lenguaje, cuidando que la aduana de la cordura nunca nos descubra el cargamento. No hace falta avivar el fuego cuando el combustible que entra al matraz es el oro puro de la propia existencia. Arrojarte a vos mismo como leño no es un acto de destrucción; es la transmutación final. Es la soledad llena, esa donde la “ruindad” del mundo exterior ya no encuentra de dónde agarrarse porque vaciaste los anaqueles del ego. Al esquivarlas todas, esas ruindades se volvieron ráfagas. Llegar al final así no es un ocaso; es el despegue definitivo de los poquitos. Arder en soledad llena es el verdadero secreto del alquimista convertirse en el fuego y en el testigo al mismo tiempo, poblando el vacío con la certeza de quien ya no espera que nadie venga a apagarlo. Esquivamos la ruindad del mundo no por temor a sus golpes, sino por desprecio a su peso, caminamos tan ligeros de equipaje que las trampas de la plaza pública nunca encontraron un rastro donde morder. Al final de toda una vida, la plenitud no se mide por los aplausos sabiendo que el guion se escribió sin una sola concesión. Felices los poquitos que llegan a la última estación con el jean gastado y la camisa amplia. El fuego ha alcanzado una altura limpia, sin humo negro, pura vibración bajita y constante. El berenjenal ahora es un templo de coherencia absoluta.