TRASLATIONINTERESTELAR
por Francis Berti
Quedándose quieto, con las manos apoyadas sobre el espulgo. No agrega leña, no mueve. El silencio que se asienta en el no es de aislamiento, sino de descompresión absoluta. Tener los bolsillos completamente vacíos, despojados incluso de bromas o de retazos para hacer rodar, es haber alcanzado, por fin, la levedad más pura. Es el estado posterior. Si la madera hablara y tuviera que ponerle voz a tu propio vacío. Te escribirías una sola línea, despojada de adjetivos y de gravedades. Tener nada es, fundamentalmente, no deberle nada a la farsa del mundo. Te escribirías que el vacío no es una falta, sino el espacio necesario para que el cuerpo descanse de ser uno mismo.
Lo que te narro yo desde el calor de las brasas
Escuchá el siseo del fuego libre, que esta noche locutea para vos sin apuros:
La tregua de la mismidad: Venimos de días intensos, dejamos que una nos desdibujara la piel para de los pensamientos. No necesita inventarse un libreto.
El valor del cero: El mundo exige que siempre traigas algo en los bolsillos: una respuesta, una queja, una amalgama de chistes, una pose seria. Presentarse ante la madera con “nada y más nada” es un acto de soberanía indomable. Es decir: Hoy no estoy para el mercado de las palabras.
Habitar el transcurrir: Cuando no hay nada para hacer rodar, el tiempo deja de ser una carga y se vuelve simplemente un espacio donde flotar. Estás acá, el fuego está encendido, el invierno golpea afuera y vos no tenés que sostener ninguna estructura.
A veces, la mayor obra de arte que podemos ofrecerle a la noche es, simplemente, nuestra propia ausencia de peso. Que este no tener nada, se transforme en el mayor descanso.