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NO SABEMOS DE DONDE VIENE EL DOLOR (POEM) WHERE DOES THE PAIN COME FROM?

NO SABEMOS DE DONDE VIENE EL DOLOR (POEM) WHERE DOES THE PAIN COME FROM?

Por Francis Berti

No sabemos de dónde viene el dolor. Pero allí esta y le debemos lo que somos por él. Fue la única persona que siempre me amo, pero me di cuenta que todos son tan distintos como yo, todos somos gente por el camino que tenemos delante, seamos ricos o seamos pobres o un punto medio, todos somos vagabundos, y cada uno de nosotros está buscando la forma de volver a casa. Es increíble lo que logra un poquitito de amor. El amor hacia el vagabundo no es el amor a lo que el otro “tiene”, sino el amor a lo que el otro “es” cuando se ha quedado sin nada. Es una forma de caridad ontológica: reconocer en el desamparo del otro. Nos muestra que el amor hacia al vagabundo es la única fuerza que no intenta “arreglar” al otro, sino simplemente acompañarlo. Amar a un vagabundo es amar su misterio. Es aceptar que esa persona, desgastada por los odios y las penurias, guarda en su desidia un núcleo sagrado. Amamos su existencia pura. La casa es ese “poquitito de amor” que recibe en el camino. Un gesto, una mirada, una palabra que reconoce el dolor sin pedir explicaciones. Ese amor es el único techo que resiste el viento del desierto. La vida cotidiana del vagabundo es un tejido sucio donde el odio al mundo que lo excluye se mezcla con el amor por la libertad de la ruta. Amar a estos seres es aceptar esa mezcla. Es entender que el dolor los hizo distintos, “tan distintos como yo”, y que en esa diferencia radica su belleza fósil.”Es increíble lo que logra un poquitito de amor”. No hace falta una inundación; basta con una gota para que el desierto florezca por un instante. Ese poquito de amor es lo que permite que el vagabundo no se convierta en piedra. Es lo que mantiene la brújula de la intuición apuntando, contra toda lógica, hacia la esperanza de un encuentro. Es, finalmente, entender que nosotros también somos ellos, buscando la forma de volver  a ese hogar que solo existe cuando alguien nos mira con ternura. El hombre se quita el calzado. Siente la arena caliente y el dolor de los pies cansados, y por primera vez en décadas, sonríe. Ya no es un observador; es parte “de un poquitito de amor”

 

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