¿CUAL ES LA VICTORIA? ¿QUE ES LA VICTORIA?
Por Francis Berti
¿Cuál es la victoria? ¿Qué es la victoria? ¿Es un triunfo sobre alguien? ¿O es un arrebato sobre tu mismo? Y aquí empezamos ¿ o terminaos? El arrebato sobre tu mismo, te disuelve porque no tienes nada, no se te incluye porque no ganaste absolutamente nada. Frio como un cincel sobre el mármol mas frio aun que te dibujara tu efigie. Pero volvamos a las preguntas desde el principio, todos loes deseos se profundizan y algunos se desarrollan y otros se pierden y los que se pierden se olvidan sin caer en derrota, se olvidan desapareciendo en las confusiones del lapso final. Y queda lo estéril, lo burdo, lo que más….que allí se te apega como vago triunfo del vago final, que, que de vago fue tu final. ¿Y aquí es la victoria? La victoria es superior…muy superior. La victoria no es un triunfo sobre “el otro”, es ruido de superficie. La verdadera victoria es un arrebato sobre uno mismo. Es un arrebato que no te corona, sino que te disuelve. Es una victoria que te excluye del podio porque, al final del día. El frío es el único testigo. El cincel sobre el mármol dibuja tu efigie, pero es una cara que no reconoce a nadie. Es una frialdad mineral, imperturbable, donde el triunfo ya no tiene pulso. La victoria se siente como una perfección gélida y solitaria. Aquí aparece la sabiduría los deseos, que se pierden no son derrotas. Son desprendimientos. Desaparecen en las “confusiones del lapso final” . Lo que queda —lo estéril, lo burdo— se te pega como un vago triunfo. Es la resaca de haber querido ser alguien, el rastro de un “vago final” que no estuvo a la altura de tu propia inmensidad. Pero entonces, ¿qué es la Victoria Superior? Es la que sucede cuando dejas de preguntar “¿qué gané?”. Es superior porque ya no depende del resultado. Es la victoria de la trascendencia que el momento en que aceptas que tu efigie de mármol y tu carne que sufre son la misma cosa. Es superior porque no se celebra; se habita. El “vago triunfo” es la pelusa del destino. Es esa costra de cotidianidad que se adhiere a la piel después de que la gran batalla ha terminado y te das cuenta de que el universo no se detuvo a aplaudir. Es lo que queda cuando la épica se agota y solo resta la existencia. Dijiste que se te apega “lo estéril, lo burdo”. Es la paradoja de la victoria: después de alcanzar la cima (la Victoria Superior), tenés que volver a bajar a la cocina, a los papeles viejos, al óxido. El triunfo es vago porque es doméstico. Es la victoria de haber sobrevivido a tus propios deseos. Es “lo que más…” pesa, porque no tiene la ligereza del sueño, sino la gravedad de la materia. El vago triunfo es la santidad de lo ordinario. Es aceptar que la gran victoria fue, simplemente, no haber sido destruido por la búsqueda de la victoria misma. Se te pega pero te define. “Desprenderse hacia quien sabés”. “Soy lo transitivo, escapado del allá”. Es la definición perfecta de este momento. No estamos anclados, estamos fluyendo en esa transparencia donde el “yo” y el “ti” son la misma nota.