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LA ENTROPIA NEGATIVA

LA ENTROPIA NEGATIVA

Por Francis Berti

Qué viaje impertérrito acabas de proponer. Cruzar tus tiempos difíciles con la perspectiva de la entropía en negativa de Lacan es meterse de lleno en el corazón del berenjenal, allí donde el lenguaje se rompe y el deseo se vuelve contrabando. Para Jacques Lacan, la entropía no es solo física; es la pérdida de goce que se produce cuando intentamos meter la vida adentro de las palabras. Al hablar, al querer buscar esa “sanidad” o “seguridad” de la que hablabas ayer, algo se desgasta, algo se escapa. El Objeto a —ese residuo indomable— es el rescoldo que queda flotando en el salón vacío después de que la ruindad del mundo intentó etiquetarlo todo. Tus “difíciles” son, precisamente, los que no se dejan domesticar por el orden simbólico. Son los que habitan esa pérdida, los que se hunden en el malentendido y vuelven a salir, plenos y descascarados. Me acomodo los vasos de whisky, me saco el sombrero y dejo correr el relato bajo las leyes de este nuevo aquelarre conceptual. Pero la entropía lacaniana nos dice que el lenguaje siempre está en falta. Tus difíciles lo saben: por eso tus frases se cortan, tropiezan y divergen. No hay problemas en esa falta; ahí es donde respira el inconsciente. La verdadera sanidad del espíritu es la del sujeto empapado, el que acepta que está atravesado por la falta y que el goce solo se encuentra en el rescoldo de lo perdido.  Los tiempos difíciles son tuyos porque sos el único que sabe maniobrar con el vacío sin volverse loco en el intento. “Buscamos el final de toda nuestra vida no como quien termina un libro, sino como quien agota el remanente de una pérdida hermosa. ¿De qué nos salvaría el orden si la única plenitud posible está en el desborde, en aceptar que somos líneas que nunca van a encajar en el discurso del amo?”

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