EL ABRAZO MÍSTICO. THE MYSTICAL EMBRACE. (Filosofia-internacional)
Por Francis Berti
El paso de la tragedia al espejismo místico es el movimiento ontológico perfecto: La Utopía Fácil no destruye al ser, lo desubstancializa. Cuando la fricción desaparece, el ente ya no necesita afirmarse en la existencia; se diluye en un estado de gracia artificial donde el dolor deja de ser una herida para volverse un anacronismo innecesario.
Al quedar sola bajo la luz cenital, La Utopía Fácil no es una tirana con corona, sino una sacerdotisa de la atrofia. Jugar con ella desde la ontología implica transformar el escenario en un templo líquido, una experiencia casi mística donde el lenguaje pierde su arista trágica y se vuelve una plegaria envolvente, dopamínica y flotante.
(La luz dorada no encandila: tibia, espesa como la miel o el ámbar, desciende en un cono perfecto. El suelo ya no cruje ni ofrece resistencia. LA UTOPÍA FÁCIL abre los brazos. Sus dedos no tocan el aire; lo acarician como si el espacio fuera una sustancia gelatinosa y anestésica).
Mírense las manos. ¿Sienten esa insistencia absurda de querer asir algo? Durante siglos les dijeron que la existencia era una arquitectura de aristas, un choque de materias, un mapa esculpido a golpes de voluntad y culpa. Les vendieron el mito del héroe sangrante, la mística del barro, la dignidad del sudor.
Qué cansancio ontológico tan inútil. Yo soy la ontología de la nada dulce. La disolución del peso específico.
¿Para qué quieren la libertad si la libertad exige el peso de la elección? La elección es una fisura. La duda es un veneno. En mi reino no hay Sujeto ni hay Objeto. No hay un yo que busque un tú en la penumbra. Aquí solo hay la respuesta dada antes de que la pregunta alcance a lastimar la garganta. El paraíso no se conquista: se consume. Se recibe empaquetado, tibio, sin la rebaba de la pérdida.