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EN LAS OLAS QUIETAS. IN THE STILL WAVES

EN LAS OLAS QUIETAS. IN THE STILL WAVES

Por Francis Berti

Estaba en la ruta del tornado, y nunca pensé que la tormenta fuera a durar tanto. Fueron años de soportar el viento en contra, el crujido de las ramas rotas, esa violencia ciega que obligaba a cerrar los ojos y aguantar el impacto. Pero el deseo seguía ahí, agazapado: un lugar cálido sobre la playa, la promesa de una orilla serena y el hallazgo de un barco viejo para reparar con las propias manos, tabla por tabla, lija por lija. Todas esas cositas que, en un destiempo perfecto, me regalaría cuando los finales de esta tormenta cesaran por siempre.

Y aquí estoy.

Desde el barco a reparar, saliendo a navegar despacito… casi lento… sin sobrepasar un solo límite de excesos. La madera responde con un crujido suave, amigable. El agua ya no golpea con la furia del océano abierto; se mueve en una calma densa, deslizándose entre los sauces de olas quietas que meciéndose custodian la costa.

Tengo el destiempo metido en la piel, como una sombra que tardó en acomodarse al cuerpo. El apuro se volvió una lengua extranjera. Ya no hay ráfagas que empujen ni horizontes que exijan urgencia.

Solo me queda esta incertidumbre flotante: no sé si estarás. De verdad no lo sé. Si llegarás cuando la pintura del casco termine de secar, si el cauce de la marea te traerá hasta este muelle improvise.

Pero mientras el barco avanza sobre el espejo de agua limpia, el viento amaina y la luz de la tarde cae oblicua, miro hacia arriba: en mi mástil achinado se eriza el aire, tiembla la vela vieja recién cosida, y siento que el viaje, al fin, ha comenzado.

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